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A la chita callando, ésta puede ser la grabación de zarzuela más importante de todo 2008. En cualquier caso se trata de la más sorprendente. Pero de eso ya se hablará más adelante, pues lo más destacado de este disco es el lucimiento de la Escolanía del Escorial en el repertorio español del siglo XX concebido para voces blancas. De Manuel de Falla en adelante los compositores nativos han sobresalido en su escritura para voces infantiles, aunque ninguno lo ha hecho de un modo tan conmovedor como Jesús Guridi en su Así cantan los chicos. Obra maestra temprana (de 1915) pero madura, este breve tríptico captura las alegrías y las penas de la niñez a través de los juegos y de las canciones al misterio de la infancia truncada por la muerte, con esa especial mezcla de exuberancia y melancolía tan cara a los pueblos ibéricos -ya sean éstos vascos, catalanes, castellanos o cualesquiera otros-. Como elemento central tenemos un funeral, descrito desde la perspectiva de uno de los niños, desconcertado por la presencia-ausencia del compañero muerto "en su cajita blanca"; y el rasgo más elocuente de la obra es el entrecruzamiento de ese motivo musical en el friso sonoro de la vital canción conclusiva. Vida muerte: en el entendimiento de las verdades eternas, ¿quién de nosotros no resulta ser un niño? Guridi, como es costumbre en él, hace uso de melodías populares de enorme efecto, y su idioma dulce y conservador favorece los duros contrastes inherentes a este notable fascículo de una filosofía católica de "sol y sombra."
La Escolanía del Escorial interpreta esta cantata acompañada del piano; el espíritu introspectivo de su aproximación proporciona una valiosa alternativa al colorido lienzo orquestal de la más grandiosa versión editada por Naxos en 2003 [véase crítica]. El tratamiento vocal, bajo supervisión de Javier M. Carmena, aspira a alcanzar una línea serena y un sonido redondo en contraste con el tono mucho más visceral del coro bilbaíno en el registro de Naxos; de hecho, dicha belleza sutil resulta sorprendentemente afín a la de las correspondientes capillas catedralicias inglesas. Con su afinación intachable y su sensibilidad musical el actual "reemplazo" de niños de El Escorial es todo un equipo de estrellas; aun a pesar de que con esta música se hallan en un terreno menos propicio que el de las sutilezas veladas del Requiem de Fauré (en sublime lectura en Dies 200712) nos brindan una experiencia musical convincente tanto aquí como con las mucho más sencillas y variadas canciones infantiles de Antón García Abril o del propio Guridi.
Pero pasemos a la sorpresa. Uno de los numerosos aspectos infra-explorados de la zarzuela chica es el trabajo hecho por y para las compañías líricas infantiles a finales del siglo XIX y principios del XX. Grupos de este tipo fueron recibidos en Inglaterra con alegría desbordante u oprobio moral; entre los que emitían esta última opinión se encuentra C. L. Dodgson (más conocido como Lewis Carroll) que alzó apasionadamente su voz de este modo: " una bandada de dulces niñas de inocente aspecto canta con apariencia brillante y feliz el coro 'Él dijo, ¡condenadme! Él dijo, ¡condenadme!' No encuentro palabras para expresar al lector el dolor que siento al ver a estos pobres niños adiestrados para proferir tales palabras por mor de la diversión de unos oídos que se han hecho insensibles a su horrible significado. Pero pónganse ambas ideas frente a frente -infierno (no importa si se cree o no se cree, hay muchos que sí creen) y esos labios puros y jóvenes así deformados por esos horrores- y procédase a pensar ¡qué diversión puede encontrarse en ello! Entender cómo el señor Gilbert se ha podido rebajar tanto a la hora de escribir de este modo o cómo Arthur Sullivan ha podido prostituir su noble arte para poner música a una bazofia tan vil ¡sobrepasa mi capacidad de entendimiento!"
Pero así ha ocurrido. Y aquí tenemos los quince minutos íntegros de partitura -¡dúo de amor incluido!- interpretados con prurito profesional por los niños de El Escorial. Se trata de una partitura muy melódica, en un estilo propio de género chico semejante al de El pobre Valbuena, que se estrenaría el año siguiente. Además de las intensas palpitaciones románticas de ese dúo-vals entre "Manuel y Teresa" ávidamente dibujado por los dos solistas vocales, hay un pasodoble escolar en el que los niños transforman una reposada lección de aritmética en toda una batalla militar, una deliciosa jota con la que se produce el asalto a un huerto en busca de cerezas, higos y albaricoques y un salado coro del cuchicheo acompañando la cita nocturna de una segunda pareja de amantes que se ha quedado encerrada en un cobertizo de leña.
Por lo que a mi me consta no sólo se trata del primer registro de Los chicos de la escuela, sino también de la primera grabación digital moderna de alguna obra del olvidado y subestimado Torregrosa. Tengo entendido que los niños de la escolanía disfrutaron mucho interpretando la zarzuela y un segundo disco dedicado al género podría estar en camino. Excelente noticia. Mientras tanto, que esta "alegría y éxtasis imprevistos" sean bienvenidos sin reservas de ninguna clase, ¡ya sean musicales o morales! © Christopher Webber 2008
Addenda
Los chicos se concibió para permitir el lucimiento de la popular actriz y cantante Loreto Prado que logró alcanzar una gran reputación interpretando a lo largo de su carrera personajes cómicos travestidos infantiles o seniles y que, a juzgar por la crítica al estreno publicada por El Imparcial, hizo de uno de los chicos protagonistas (¿Perico?) una gran creación. Los papeles de los otros dos solistas infantiles (el chico y la chica) habrían sido interpretados también por tiples mientras que el coro femenino habría encarnado al resto de "los chicos de la escuela." Resultaba moneda de pago corriente en la época la presencia de compañías infantiles especializadas en papeles para adultos interpretando altas tragedias modernas como Juan José de Dicenta o zarzuelas dramáticas como El cabo primero; ver a una compañía de adultos asumiendo roles de niños lograba dar la vuelta a la tortilla con gracejo. No resulta baladí que nuestra moderna compañía infantil escurialense esté interpretando la deliciosa zarzuela de Torregrosa y Valverde en su verdadera octava, ¡aunque no sea con los auténticos intérpretes para los que fue escrita!
28/IX/2008 |