Fundación de la Zarzuela Española


La Fiesta Nacional
en La Zarzuela


(El mundo de la Tauromaquia
en nuestro género lírico)


Grabado en el Teatro Calderón de Valladolid,
el 26 de Noviembre de 2005

Fundación de la Zarzuela Española
DVD SAO1173


Un editorial de
Christopher Webber

Fiesta Nacional


¡Levantando barricadas!
La Fiesta Nacional y “Nuestra zarzuela”

Cuando se ha visto un espectáculo antológico de zarzuela bien se puede decir que se han visto todos. Sin embargo, el que aquí reseñamos –grabado en directo en el Teatro Calderón de Valladolid– llega con mejores credenciales que ninguno. Con unos lujosos medios materiales, superiores a los de cualquier otra gala de la era post-Tamayo, en esta empresa participa el mismo equipo creativo que en la deliciosa “Madrileña bonita”. El DVD está bien producido con un sonido rico y una imagen nítida, tiene substanciales extras, un adecuado diseño de menús y una buena subtitulación en inglés y en español. El libreto ilustrado, sólo publicado en español, es muy completo. Si los artistas exhiben los ojos vidriados y las sonrisas congeladas típicos de cualquier reparto con pocos ensayos tratando de hacerlo lo mejor posible con una coreografía de brazos en jarras, una escenografía prefabricada y un vestuario ostentoso, no es menos cierto que interpretan algunos fragmentos muy infrecuentes, de entre los que sobresale el pasodoble de Fernando Moraleda para el lamento por la muerte del torero Granero con letra de José Muñoz Román.

¿Pero por qué hablamos de toreros? Pues porque la Fiesta Nacional en la Zarzuela, que para un inglés sería algo así como “nuestro deporte nacional en la zarzuela”, no es otra cosa que, como se aclara con el subtítulo del DVD, el mundo de la tauromaquia en nuestro género lírico. Y este es el contexto utilizado por Julio Doncel López para engarzar tan selecto conjunto de perlas líricas. Habiendo asistido esta misma semana a una corrida de toros en la plaza de Las Ventas de Madrid y maravillándome ante cómo matadores como El Juli o El Cid despliegan su magia taurómaca en ese gran crisol de la emoción popular, estoy de acuerdo en que el pretexto taurino puede ser buen punto de partida. Sin embargo la conjunción de toreros y tenores enfrasca al guionista Andrés Amorós en maniobras extrañas para tratar de convencernos de la importancia de las corridas de toros en las grandes zarzuelas. Así, Pan y toros, por ejemplo, tiene ciertamente un trasfondo taurino, pero mucho más intrascendente de lo que Amorós nos hace creer. Y aunque es cierto que acaba encontrando ejemplos coherentes, se las ve y se las desea para conseguirlo. Pero no debemos olvidarnos de que esto no es más que una gala y ya se sabe que las galas son por definición ligeros ejercicios de nostalgia en los que todo puede tener cabida.

Pero entonces ¿cómo es posible que me sienta a disgusto? Pues, porque la cualidad nostálgica de esta gala se hace difícil de encontrar. Según la “fiesta” avanza las sonrisas se tornan en muecas y las manos puestas en las caderas se van cerrando en puños. Y terminamos literalmente bajo asedio. Al igual que otros muchos pasodobles teatrales, la conmovedora marcha de Cádiz seguramente se llegó a interpretar en las plazas de toros; pero la zarzuela a la que pertenece celebra la liberación del asedio francés a la ciudad en 1812 y sus personajes están demasiado enfrascados levantando barricadas como para preocuparse de los toros. Popularizado al final de la guerra de Cuba, en 1898, cuando la moral nacional estaba de capa caída, la marcha de Chueca ha servido siempre como potente grito de guerra nacionalista. Su resonancia política como culminación de esta gala es clara en la España actual cuando el neo-nacionalismo está contraatacando duramente los actuales planes gubernamentales de descentralización y potenciación del modelo autonómico del Estado. Con su evidente homenaje a Les Miserables londinenses, la marcha de Cádiz tal y como aquí se pone en escena es más un desafío que un final festivo para esta Fiesta Nacional.

At the barricades - the March from Cadiz
En las barricadas: La marcha de Cádiz como unos Les Miserables españoles

Cual un forastero –y este espectáculo me permite comprobar que lo soy, aunque los franceses salgan aun peor parados– terminé sintiéndome yo mismo bajo asedio y, espero que se me perdone, blandiendo mi puño cerrado en respuesta. Cuando descubrí por vez primera el género lírico español, me sorprendió comprobar que para muchos españoles de las generaciones más jóvenes “zarzuela” significaba algo pasado de moda, rancio y reaccionario. Gracias a la imaginativa labor de recuperación de compañías como la del Teatro de la Zarzuela o como Ópera Cómica de Madrid y a la actividad científica de los musicólogos de la S.G.A.E. y el I.C.C.M.U., esa percepción ha dado completamente la vuelta. Cuando ahora visito Madrid encuentro mujeres y hombres jóvenes tan entusiastas hacia el pasado y presente de este extraordinario género como el que más, apasionados por dedicar su saber a la promoción de la zarzuela en España y fuera de ella, muy orgullosos de la música de su nación pero capacitados para reírse de ese proteccionismo violento rémora de viejos tiempos y regímenes.

La risa puede ser en cualquier caso la mejor respuesta al triste posicionamiento adoptado en esta “Fiesta Nacional”. Pero hay otro irritante tic infiltrado en el subtítulo de este espectáculo: nuestro género lírico, nuestra zarzuela. Normalmente este adjetivo tiene un trasfondo entrañable y amistoso. Qué tranquilizador resulta encontrar a una nación tan preocupada por sus artes como para tenerles tanto cariño y protegerlas. Cómo me gustaría que los ingleses pudiéramos hablar de “nuestros Gilbert y Sullivan”, o incluso de “nuestro Lionel Monckton”, muestra tangible del interés por todos ellos. Pero “nuestra zarzuela” también puede querer decir algo más. Puede significar “esto es nuestro y sólo nuestro”. Puede querer decir “solamente nosotros, los españoles, podemos entenderla, de manera que vosotros, extranjeros, ni siquiera lo intentéis”. Puede incluso esconder una proclama como la que subyace en este espectáculo: “la zarzuela como España, nos pertenece, por lo tanto no la manoseemos o no juguemos con ella”. Curioso vehículo parece una gala antológica para transmitir tan combativo mensaje; pero se dice muy claro y muy alto –y no menos a través de la lectura que María Jesús Valdés con su gélido rictus hace del guión de Andrés Amorós–.

La nostalgia es una buena compañera pero una mala maestra. Es particularmente desconcertante que la fundación que preside Julio Doncel López haya añadido algo más que leña al fuego de esta particular barricada. Yo había sido víctima de la ilusión de que la Fundación aspiraba a colaborar en la marcha de la zarzuela hacia el siglo XXI, pero es evidente que parece estar mucho más interesada en retrotraerla al siglo XIX.


Julio Doncel López, presidente de la Fundación de la Zarzuela Española

Espero estar equivocado, pero dada su indignación ante las puestas en escena modernas y viendo el estilo retro de sus espectáculos lujosamente producidos y –a juzgar por los comentarios recibidos en el buzón eletrónico de zarzuela.net– ante su actitud poco cooperativa frente a potenciales apoyos desde el extranjero, la Fundación de la Zarzuela Española se está convirtiendo de forma progresiva en un dinosaurio aquejado de un fuerte dolor de muelas. La institución goza de ventajas fiscales y cuenta con el soporte de un importante mecenazgo empresarial. Sus historias del Teatro de la Zarzuela y sus publicaciones gráficas sobre iconografía han sido una delicia. Todo ello es razón de peso para que se establezcan con precisión sus objetivos antes de que se pierda la buena disposición de los aficionados más jóvenes dentro y fuera de España. Si realmente quieren alimentar el futuro de “nuestro género lírico” deberían tomar nota de que este bombón ha tenido un sabor agrio en, al menos, una boca hambrienta.

© Christopher Webber, London, May 29 2006

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Penella : El gato montés (Intermedio); Barbieri: Pan y toros (Marcha de la manolería, canción de Perulillo); Chueca: Agua, azucarillos y aguardiente (Pasacalle); Álvarez/ Bernaola: Pasodoble, Suspiros de España; Rubio: Eh..., a la plaza (Lección de toreo); Alonso: La Zapaterita (Caballo bayo); Soutullo y Vert: El último romántico (Pasacalle de las mantillas); Giménez: La boda de Luis Alonso (Intermedio); Moraleda: Qué cuadro el de Velázquez, esquina a Goya - Muerte de Granero; Penella: Curro Gallardo (Romanza); Padilla: Cuplé - El relicario; Alonso: Las tocas (Despedida del torero); Penella: El gato montés (Dúo - Torero quiero ser); Chueca/Valverde: Cádiz (Marcha, final Acto 1)

Idea y coordinación - Julio Doncel López; Guión - Andrés Amorós; Narradora - María Jesús Valdés; Soprano - Amparo Navarro; Tenor - Guillermo Orozco; Solistas - María Jesús Comerón, Ignacio Lezcano; Director de escena - Jesús Peñas; Director musical - Pascual Osa; Coro Eurolírica; Orquesta Filarmonía


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