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Como dice la canción ha pasado mucho, mucho tiempo
desde septiembre. Hace tres meses que la temporada 2007/08 del Teatro de la
Zarzuela ha comenzado y por fin podemos ver una zarzuela en escena. La
reposición del montaje de La bruja que dirigiera en el
año 2002 el director de la casa, Luis Olmos, es la primera de tan
sólo cuatro producciones que van a montarse entre estas fechas y el mes
de julio. Es cierto que hay una abundante y novedosa oferta de danza y de
conciertos en cartel, pero es necesario insistir en que se programa muy poca
zarzuela. Y con la excepción de la revista De Madrid a
París de Chueca (que supone la mitad de un programa doble) las
obras que se van a representar son todas de repertorio. A pesar de la alta
calidad de los montajes este número resulta raquítico al menos
para una institución como ésta que en teoría tiene su
razón de ser en la zarzuela, como garante de su pasado y motor de su
futuro.
El público que ha asistido al estreno de La
bruja se ha encontrado asimismo con una desagrable sorpresa. En lugar de
poder adquirir uno de sus célebres libros-programas, donde además
de publicarse el libreto completo de la obra se solían incluir tres o
cuatro documentados artículos de investigación a cargo de firmas
reconocidas en la materia, ha tenido que contentarse con un folleto en el que
se incluyen los detalles del reparto y la producción, una breve sinopsis
argumental y un único artículo de carácter divulgativo
sobre la zarzuela representada. La puesta a disposición durante las
presentes representaciones y de forma gratuita en la web del teatro del
libreto editado de La bruja –utilizando,
irónicamente, el diseño gráfico de los desaparecidos
libros-programas– difícilmente neutraliza el mal sabor de boca que
nos deja este incidente. Lo mismo que con la reducción en el
número de producciones, el adelgazamiento de los programas de mano es
sintomático de una tendencia a sustituir el dinamismo por la seguridad y
la excelencia por la mera eficiencia.
Pero ¿qué es lo que funciona mal? Las
raíces del problema están en que el Teatro de la Zarzuela no goza
de suficiente independencia artística, como “unidad de
producción” del INAEM (en el Ministerio de Cultura). Se trata de
una institución pública del Gobierno y como tal servida por
funcionarios del Estado cuyo principal objetivo no es la creación
artística sino el ajuste presupuestario y la seguridad de sus propios
puestos de trabajo. Es duro tener que acusarles de eso pero nada hará
avanzar al Teatro de la Zarzuela hasta que no se libere de tan pesadas cadenas
administrativas y políticas. Luis Olmos y su equipo de dirección
tienen que hacer examen de conciencia y decidir si la política que
actualmente llevan a cabo está al servicio de la zarzuela o de sus
intereses burocráticos. Si no se quiere que el Teatro de la Zarzuela se
convierta en una irrelevancia artística muy cara algo tiene que cambiar,
y pronto. Si crees que la pérdida de calidad de los
programas de mano o el número anual de producciones de zarzuela son
cuestiones inaceptables te sugerimos que envíes un correo
electrónico al departamento de dirección del Teatro de la
Zarzuela (secretariadireccion.tz@inaem.mcu.es) para exponer tu punto
de vista sobre el asunto.
CW |
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As the song almost says, it’s been a long, long while
since September. Three months on since the Teatro de la Zarzuela’s 2007-8
season started, and at last are we getting some staged zarzuela. The revival of
the theatre’s Director Luis Olmos’ 2002 production of La
bruja is the first of just four productions to be mounted between now and
July. There’s plenty of innovative dance and concert work on show, but
remarkably little zarzuela. And with the exception of Chueca’s De
Madrid a París (half a double bill) the works to be staged are all
repertory warhorses. No matter how high the quality of the shows themselves,
this amounts to starvation rations. It is certainly not nearly good enough from
the institution which supposedly exists for zarzuela, as guardian of its past
and flagbearer for its future.
The audience at the first night of La bruja was in
for another unpleasant surprise. In place of one of those famously rich
programmes featuring a complete libretto together with three or four well
researched and well written essays by leading writers in the field, they were
handed a thin booklet with cast list and a short synopsis plus only one,
functional and basic programme note on the work itself. The free, online
availability during La bruja’s run of an edited
libretto – ironically using the design template
familiar from the defunct full programmes – hardly improves the taste in
the mouth. As with the reduction in the quantity of productions, this stripping
down of the programmes is symptomatic of a tendency to replace challenge with
safety, excellence with mere efficiency.
What is going wrong? The root of the matter is that the
Teatro de la Zarzuela is not an independent artistic body, but a spending
department of the Ministry of Culture. It is a Government Institution. And like
all such institutions, it is run by Civil Servants whose primary goal is not
artistic creation, but balancing of the books and preservation of their own
jobs. It is hard to blame them for that, but nothing is going to progress until
the Teatro de la Zarzuela is liberated from such heavy political and
administrative chains. Luis Olmos and his team need to examine their
consciences, and decide whether the theatre’s current policy exists to
serve zarzuela, or for bureaucratic convenience. Unless the Teatro de la
Zarzuela is to become an expensive artistic irrelevance, something needs to
change – and soon.
If you feel that the reduction in quality of printed
programmes, or of quantity in zarzuela productions, is unacceptable, you might
like to email the Teatro de la Zarzuela direct (secretariadireccion.tz@inaem.mcu.es) to let them know your
views.
CW
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