Teatro de la Zarzuela 1998Teatro de la Zarzuela
17 • XII • 2007

Como dice la canción ha pasado mucho, mucho tiempo desde septiembre. Hace tres meses que la temporada 2007/08 del Teatro de la Zarzuela ha comenzado y por fin podemos ver una zarzuela en escena. La reposición del montaje de La bruja que dirigiera en el año 2002 el director de la casa, Luis Olmos, es la primera de tan sólo cuatro producciones que van a montarse entre estas fechas y el mes de julio. Es cierto que hay una abundante y novedosa oferta de danza y de conciertos en cartel, pero es necesario insistir en que se programa muy poca zarzuela. Y con la excepción de la revista De Madrid a París de Chueca (que supone la mitad de un programa doble) las obras que se van a representar son todas de repertorio. A pesar de la alta calidad de los montajes este número resulta raquítico al menos para una institución como ésta que en teoría tiene su razón de ser en la zarzuela, como garante de su pasado y motor de su futuro.

El público que ha asistido al estreno de La bruja se ha encontrado asimismo con una desagrable sorpresa. En lugar de poder adquirir uno de sus célebres libros-programas, donde además de publicarse el libreto completo de la obra se solían incluir tres o cuatro documentados artículos de investigación a cargo de firmas reconocidas en la materia, ha tenido que contentarse con un folleto en el que se incluyen los detalles del reparto y la producción, una breve sinopsis argumental y un único artículo de carácter divulgativo sobre la zarzuela representada. La puesta a disposición durante las presentes representaciones y de forma gratuita en la web del teatro del libreto editado de La bruja –utilizando, irónicamente, el diseño gráfico de los desaparecidos libros-programas– difícilmente neutraliza el mal sabor de boca que nos deja este incidente. Lo mismo que con la reducción en el número de producciones, el adelgazamiento de los programas de mano es sintomático de una tendencia a sustituir el dinamismo por la seguridad y la excelencia por la mera eficiencia.

Pero ¿qué es lo que funciona mal? Las raíces del problema están en que el Teatro de la Zarzuela no goza de suficiente independencia artística, como “unidad de producción” del INAEM (en el Ministerio de Cultura). Se trata de una institución pública del Gobierno y como tal servida por funcionarios del Estado cuyo principal objetivo no es la creación artística sino el ajuste presupuestario y la seguridad de sus propios puestos de trabajo. Es duro tener que acusarles de eso pero nada hará avanzar al Teatro de la Zarzuela hasta que no se libere de tan pesadas cadenas administrativas y políticas. Luis Olmos y su equipo de dirección tienen que hacer examen de conciencia y decidir si la política que actualmente llevan a cabo está al servicio de la zarzuela o de sus intereses burocráticos. Si no se quiere que el Teatro de la Zarzuela se convierta en una irrelevancia artística muy cara algo tiene que cambiar, y pronto.

Si crees que la pérdida de calidad de los programas de mano o el número anual de producciones de zarzuela son cuestiones inaceptables te sugerimos que envíes un correo electrónico al departamento de dirección del Teatro de la Zarzuela (secretariadireccion.tz@inaem.mcu.es) para exponer tu punto de vista sobre el asunto.

CW

As the song almost says, it’s been a long, long while since September. Three months on since the Teatro de la Zarzuela’s 2007-8 season started, and at last are we getting some staged zarzuela. The revival of the theatre’s Director Luis Olmos’ 2002 production of La bruja is the first of just four productions to be mounted between now and July. There’s plenty of innovative dance and concert work on show, but remarkably little zarzuela. And with the exception of Chueca’s De Madrid a París (half a double bill) the works to be staged are all repertory warhorses. No matter how high the quality of the shows themselves, this amounts to starvation rations. It is certainly not nearly good enough from the institution which supposedly exists for zarzuela, as guardian of its past and flagbearer for its future.

The audience at the first night of La bruja was in for another unpleasant surprise. In place of one of those famously rich programmes featuring a complete libretto together with three or four well researched and well written essays by leading writers in the field, they were handed a thin booklet with cast list and a short synopsis plus only one, functional and basic programme note on the work itself. The free, online availability during La bruja’s run of an edited libretto – ironically using the design template familiar from the defunct full programmes – hardly improves the taste in the mouth. As with the reduction in the quantity of productions, this stripping down of the programmes is symptomatic of a tendency to replace challenge with safety, excellence with mere efficiency.

What is going wrong? The root of the matter is that the Teatro de la Zarzuela is not an independent artistic body, but a spending department of the Ministry of Culture. It is a Government Institution. And like all such institutions, it is run by Civil Servants whose primary goal is not artistic creation, but balancing of the books and preservation of their own jobs. It is hard to blame them for that, but nothing is going to progress until the Teatro de la Zarzuela is liberated from such heavy political and administrative chains. Luis Olmos and his team need to examine their consciences, and decide whether the theatre’s current policy exists to serve zarzuela, or for bureaucratic convenience. Unless the Teatro de la Zarzuela is to become an expensive artistic irrelevance, something needs to change – and soon.

If you feel that the reduction in quality of printed programmes, or of quantity in zarzuela productions, is unacceptable, you might like to email the Teatro de la Zarzuela direct (secretariadireccion.tz@inaem.mcu.es) to let them know your views.

CW


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