Obituary
The date was 29 February 1984, the occasion the London launch of
Richard Traubner’s Operetta: A Theatrical History. I had been
covering operetta in British publications such as The Musical Times,
Opera and Gramophone since the late-1960s, and I had thus
received an invitation to the book launch. It was the first occasion I’d
met Richard Traubner.
Four years my junior, Richard generously inscribed my copy of his
book as follows:- “To Andrew Lamb, The only person I can think of who
would really appreciate this book (and all its enthusiasms and faults!)
– With the greatest respect and admiration and thanks! – Richard
Traubner / London / 29.2.84 / Fred’s Birthday!” Being leap-year
day, it was, of course, the 32nd birthday of Frederic, W. S. Gilbert’s
heroic Pirate of Penzance. As for Richard’s inscription, I have certainly
appreciated the book and its enthusiasms no end. But its faults? Well, I
don’t think I’ve ever really found them!
As it so happened, it was at that very same event that I also
first met Kurt Gänzl. Whereas Kurt and I were destined to become close
collaborators, it was not the same between Richard and me. The Atlantic Ocean
separated us, and our paths never really crossed. We thus communicated
infrequently thereafter. Perhaps we both felt confident enough to continue
ploughing our own furrow, respecting each other’s work and knowing that
we were both working towards the same end.
Certainly I never stopped admiring his writing. His book displays
gloriously the extent to which he had not only absorbed the whole genre but
could expound so perceptively on it, conveying to readers its essence and his
enthusiasm in easily assimilable style. I never believed I could match that,
and I would never have put myself forward in competition. When, in the
mid-1990s, Yale University Press did approach me to write a book on operetta,
citing Richard’s book as a model, I took pains to come up with a
different approach – bringing musical theatre more up to date and giving
wider coverage to national musical theatre styles such as zarzuela. I could
never compete head-on, and I have never felt the slightest inclination to demur
from descriptions of Richard’s book as the definitive work on
operetta.
Richard was born in 1946, attended Boston University (where he
formed a Gilbert and Sullivan society) and received a doctorate from New York
University. Married to Andrea, he wrote about opera, film and classical music
as well as operetta for such publications as Opera News and New
York Times. He wrote booklet notes for many recordings, lectured,
translated operetta libretti, and directed and designed productions for Ohio
Light Opera and other US operetta companies. He also, of course, travelled
widely to take in productions of operetta, comic opera and zarzuela in
their native language and on their native territory. He had, alas, been
suffering increasing ill health for some years – latterly amyotrophic
lateral sclerosis (motor neurone disease), from which he died in New York City
on 25 February at the age of only 66.
© Andrew Lamb, 1.III.2013
Fue un gran día. El Teatro de la
Zarzuela estaba de aniversario... le caían 150 años nada
más y nada menos. Había pedido invitaciones de prensa con
bastante antelación para cubrir un evento tan especial y estuve muy
pendiente de la esperada confirmación hasta que por fin se produjo.
Llegué a un teatro engalanado para la ocasión y fui ubicado en un
palco muy visible. Lo ocupaba un médico y periodista que comparte con
quien esto firma tareas divulgativas en pro de la zarzuela y una pareja algo
tímida al principio que en seguida se me presentó: eran Andy y
Richard Traubner, los Traubner de Nueva York. En un español lento y
lleno de imperfecciones pero muy sabroso y cercano se pusieron a hablar conmigo
de inmediato, después pasamos al inglés: hablaron sobre su
emoción de visitar Madrid en tan memorable ocasión, sobre el
enorme interés que había despertado la zarzuela en ellos de un
tiempo a esta parte, sobre mil asuntos teatrales y musicales. Tras esa
impresionante velada, regresé a casa con la doble emoción del
cumpleaños y de haber conocido a alguien a quien admiraba y de quien
había aprendido tantas cosas sobre una de mis grandes pasiones, la
opereta.
Tres días después coincidimos
de nuevo en la Zarzuela, en la segunda de las galas conmemorativas, y yo
llevaba ya bajo el brazo mi edición del Traubner (aquella en la
que lo releí tras haberlo descubierto en la Biblioteca Musical de Conde
Duque)… junto a mi amigo Enrique Mejías le pedí un
autógrafo a su insigne autor, que emocionado y próximo nos
firmó a ambos una cariñosa dedicatoria con palabras de
estímulo hacia nuestra labor de difusión de la zarzuela. Al
día siguiente, Andy, Richard y yo cruzamos media provincia de Madrid en
tren para ver La corte de Faraón en un pequeño teatro a
cargo de una compañía modesta… Cómo disfrutó
de la música de Lleó y del libro de Perrín y Palacios.
Seguimos hablando de zarzuela y opereta, de nuestros favoritos, Leo Fall y
Vicente Lleó, entre ellos. Bromeamos diciendo que ese vals de La
corte bien podría haberlo firmado Lleo Fall, jugando con los
apellidos de ambos músicos. Pasaron cuatro años y la pareja, con
la que mantuve contacto desde entonces, volvió a visitar Madrid. Tuvimos
el honor de que Richard dejara para nosotros sus opiniones sobre La del
soto del Parral. Me habló de un proyecto, precisamente con Leo
Fall, entre manos para la Ohio Light Opera… Madame Pompadour.
Le conté que José Juan Cadenas inauguró el Teatro
Alcázar madrileño con ese mismo título… buscamos
sin éxito esa adaptación castellana por si le ayudaba a preparar
la suya. Dejamos de hablar con asiduidad. Y no lo volvimos a hacer apenas desde
entonces. Descansa en paz amigo.
© Ignacio Jassa Haro,
1.III.2013
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