Obituary





Richard Traubner

(1946–2013)



  English Andrew Lamb

  Espaņol Ignacio Jassa Haro

Richard Traubner
Richard Traubner


The date was 29 February 1984, the occasion the London launch of Richard Traubner’s Operetta: A Theatrical History. I had been covering operetta in British publications such as The Musical Times, Opera and Gramophone since the late-1960s, and I had thus received an invitation to the book launch. It was the first occasion I’d met Richard Traubner.

Four years my junior, Richard generously inscribed my copy of his book as follows:- “To Andrew Lamb, The only person I can think of who would really appreciate this book (and all its enthusiasms and faults!) – With the greatest respect and admiration and thanks! – Richard Traubner / London / 29.2.84 / Fred’s Birthday!” Being leap-year day, it was, of course, the 32nd birthday of Frederic, W. S. Gilbert’s heroic Pirate of Penzance. As for Richard’s inscription, I have certainly appreciated the book and its enthusiasms no end. But its faults? Well, I don’t think I’ve ever really found them!

As it so happened, it was at that very same event that I also first met Kurt Gänzl. Whereas Kurt and I were destined to become close collaborators, it was not the same between Richard and me. The Atlantic Ocean separated us, and our paths never really crossed. We thus communicated infrequently thereafter. Perhaps we both felt confident enough to continue ploughing our own furrow, respecting each other’s work and knowing that we were both working towards the same end.

Certainly I never stopped admiring his writing. His book displays gloriously the extent to which he had not only absorbed the whole genre but could expound so perceptively on it, conveying to readers its essence and his enthusiasm in easily assimilable style. I never believed I could match that, and I would never have put myself forward in competition. When, in the mid-1990s, Yale University Press did approach me to write a book on operetta, citing Richard’s book as a model, I took pains to come up with a different approach – bringing musical theatre more up to date and giving wider coverage to national musical theatre styles such as zarzuela. I could never compete head-on, and I have never felt the slightest inclination to demur from descriptions of Richard’s book as the definitive work on operetta.

Richard was born in 1946, attended Boston University (where he formed a Gilbert and Sullivan society) and received a doctorate from New York University. Married to Andrea, he wrote about opera, film and classical music as well as operetta for such publications as Opera News and New York Times. He wrote booklet notes for many recordings, lectured, translated operetta libretti, and directed and designed productions for Ohio Light Opera and other US operetta companies. He also, of course, travelled widely to take in productions of operetta, comic opera and zarzuela in their native language and on their native territory. He had, alas, been suffering increasing ill health for some years – latterly amyotrophic lateral sclerosis (motor neurone disease), from which he died in New York City on 25 February at the age of only 66.

© Andrew Lamb, 1.III.2013




Fue un gran día. El Teatro de la Zarzuela estaba de aniversario... le caían 150 años nada más y nada menos. Había pedido invitaciones de prensa con bastante antelación para cubrir un evento tan especial y estuve muy pendiente de la esperada confirmación hasta que por fin se produjo. Llegué a un teatro engalanado para la ocasión y fui ubicado en un palco muy visible. Lo ocupaba un médico y periodista que comparte con quien esto firma tareas divulgativas en pro de la zarzuela y una pareja algo tímida al principio que en seguida se me presentó: eran Andy y Richard Traubner, los Traubner de Nueva York. En un español lento y lleno de imperfecciones pero muy sabroso y cercano se pusieron a hablar conmigo de inmediato, después pasamos al inglés: hablaron sobre su emoción de visitar Madrid en tan memorable ocasión, sobre el enorme interés que había despertado la zarzuela en ellos de un tiempo a esta parte, sobre mil asuntos teatrales y musicales. Tras esa impresionante velada, regresé a casa con la doble emoción del cumpleaños y de haber conocido a alguien a quien admiraba y de quien había aprendido tantas cosas sobre una de mis grandes pasiones, la opereta.

Tres días después coincidimos de nuevo en la Zarzuela, en la segunda de las galas conmemorativas, y yo llevaba ya bajo el brazo mi edición del Traubner (aquella en la que lo releí tras haberlo descubierto en la Biblioteca Musical de Conde Duque)… junto a mi amigo Enrique Mejías le pedí un autógrafo a su insigne autor, que emocionado y próximo nos firmó a ambos una cariñosa dedicatoria con palabras de estímulo hacia nuestra labor de difusión de la zarzuela. Al día siguiente, Andy, Richard y yo cruzamos media provincia de Madrid en tren para ver La corte de Faraón en un pequeño teatro a cargo de una compañía modesta… Cómo disfrutó de la música de Lleó y del libro de Perrín y Palacios. Seguimos hablando de zarzuela y opereta, de nuestros favoritos, Leo Fall y Vicente Lleó, entre ellos. Bromeamos diciendo que ese vals de La corte bien podría haberlo firmado Lleo Fall, jugando con los apellidos de ambos músicos. Pasaron cuatro años y la pareja, con la que mantuve contacto desde entonces, volvió a visitar Madrid. Tuvimos el honor de que Richard dejara para nosotros sus opiniones sobre La del soto del Parral. Me habló de un proyecto, precisamente con Leo Fall, entre manos para la Ohio Light Opera… Madame Pompadour. Le conté que José Juan Cadenas inauguró el Teatro Alcázar madrileño con ese mismo título… buscamos sin éxito esa adaptación castellana por si le ayudaba a preparar la suya. Dejamos de hablar con asiduidad. Y no lo volvimos a hacer apenas desde entonces. Descansa en paz amigo.

© Ignacio Jassa Haro, 1.III.2013


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