Diana y Cupido (Batoni, siglo XVIII)
Las nuevas armas de Amor
Música de Sebastián Durón, libro de José de Cañizares


Orquesta Madrid Barroco
Madrid, Museo de los Orígenes
(22 de noviembre de 2007)

Una crónica de   Ignacio Jassa Haro


Descubrir una nueva obra del repertorio músico-teatral del barroco español, ya sea ésta zarzuela, ópera, o cualesquier otro tipo de pieza, es siempre una experiencia excitante. Si además la música de esta “novedad” tiene la firma de Sebastián Durón (1660-1716) es posible sospechar que el hallazgo va a dejar huella. Si a ello añadimos que los encargados de la recuperación profesan un amor “desmedido” a lo que hacen, ya no nos cabrá ninguna duda de que perderse ese acontecimiento puede convertirse en algo imperdonable.

El Museo de los Orígenes situado en la Casa de San Isidro, en pleno corazón del Madrid barroco, donde se celebró tiempo atrás una exposición sobre la tonadilla escénica de las que marcan época, ha acogido un ambicioso ciclo de conciertos. Bajo el título algo confuso de La música de las tres reinas se ha pretendido hacer un repaso a la obra de los compositores que trabajaron en la corte española durante la primera mitad del siglo XVIII. El ciclo ha recogido obras de diversas tipologías, desde cantatas, canciones y arias de ópera de Francisco Courcelle o Antonio Rodríguez de Hita hasta zarzuelas de José de Nebra (con selecciones de Viento es la dicha de Amor e Ifigenia en Tracia) pasando por composiciones de cámara de diversos autores (como Antonio Soler y Juan o José Pla) o por las célebres sonatas para clave de Domenico Scarlatti.

La zarzuela armónica de Durón y Cañizares con la que se dio conclusión a este ciclo ha sido datada de manera imprecisa, aunque parece probable que no sea muy anterior a 1711. Es posible que fuera escrita para los teatros públicos madrileños, resultando ajena por tanto al patrocinio regio (del que Durón no gozaba tras el relevo dinástico acaecido al producirse el cambio de siglo). Precisamente porque su situación política no fue muy propicia durante esta última etapa de su vida (llegando a tener que exiliarse en Francia) es especialmente significativo que su producción siguiera teniendo demanda en un Madrid mucho más italiano ahora en lo musical. Durón fue, no obstante, un compositor camaleónico, dicho sea esto sin ninguna intención peyorativa, que cambió de estilo según compusiera para el ámbito religioso o para el mundo del teatro. En las zarzuelas y óperas se amoldó con talento al modo de hacer italiano, al que a pesar de todo hispanizó, especialmente en lo que al sentido de la integración de la música en el drama se refiere.

Cañizares desarrolla en la primera de las dos jornadas de Las nuevas armas de Amor –que es la que se pudo escuchar en la versión concertante ligeramente escenificada del presente concierto– una trama mitológica alrededor de un travieso Cupido al que Júpiter despoja de sus armas tras las protestas de la población de Chipre; el desprotegido dios prepara su venganza pidiendo ayuda a Diana (socorro que se materializa en unas nuevas armas) y crea el caos entre los chipriotas cuando éstos homenajean la estatua de Júpiter. La jornada termina con la renovación de la alianza entre Cupido y Diana ante la previa declaración de guerra de Júpiter. Durón responde a este texto teatral con una voluminosa partitura llena de inspirados momentos de clara filiación italiana generalmente compuestos bajo la forma de arietas, recitados o coros.

Cupido y Jupiter (Ricci)

Podemos destacar entre ellos la desarrollada aria a la italiana de Cupido “Cuántos teméis al rigor” de la escena segunda, el siguiente estribillo del mismo personaje en esa misma escena “Claras fuentes”, de carácter poliseccional con constantes y contrastantes cambios de tempo o sus coplas “¡Ha, del palacio sumo!” de gran vivacidad. Raquel Andueza sirvió a todos estos números con su característica expresividad y su bello fraseo. Las coplas y estribillo de Júpiter de la escena quinta “Por amar a la rosa” fueron por su parte un momento melancólico a la par que solemne en el que Ana Otxoa exhibió su timbrada voz y su elegante línea de canto. Las no muy posteriores coplas de esta escena cantadas a dúo entre Cupido y Diana, permitieron por su parte a Inmaculada Pérez mostrar la agilidad y elegancia de su ligero instrumento en contraste con el poderío vocal de la Andueza.

Un inevitable inconveniente de este concierto ha sido la pérdida de pleno sentido dramático que la falta de una verdadera puesta en escena provoca, si bien es cierto que tampoco se aspiraba a ello puesto que se presentó una sola jornada (suprimiéndose de ella además la subtrama popular) de un espectáculo que en su momento debió de incluir, como era uso, una loa previa, un sainete intercalado entre las dos jornadas y un fin de fiesta como número de cierre. Volviendo de nuevo a lo musical queda por consignar que el clavecinista Tony Millán estuvo al quite en todo momento dando enorme presencia al soporte armónico de la partitura de Durón. Grover Wilkins, que al margen de dirigir compartió con el director del museo, Eduardo Salas, la imprescindible labor de narrador, condujo por su parte con un pulso firme pero a la vez pleno de gracia a una Orquesta Madrid Barroco de rápidos reflejos que sonó muy empastada.

© Ignacio Jassa Haro 2007


Las nuevas armas de Amor (zarzuela armónica en dos jornadas con música de Sebastián Durón y libro de José de Cañizares) –selección de la primera jornada en versión de concierto. Ciclo de Conciertos La música de las tres reinas. Madrid, auditorio del Museo de los Orígenes (Casa de San Isidro), concierto V, 22 de noviembre de 2007
Reparto: Raquel Andueza, soprano (Cupido); Ana María Otxoa Pando, soprano (Júpiter); Inmaculada Pérez, soprano (Diana, Enareta); Eduardo Salas, narrador; Tony Millán, clave; Orquesta Madrid Barroco; Grover Wilkins, director musical. Edición de Gordon Hart


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portada de zarzuela.net

24/I/2008