Black, el payaso (Sorozabal)  Teatro Espanol

Sorozábal · Baroja · Serrano Anguita
Adiós a la bohemia / Black, el payaso

Teatro Español
(Madrid, 11 de Agosto de 2006)


Ignacio Jassa Haro


Aborda el Teatro Español por tercer año consecutivo la zarzuela en su programación. Pero si el curso pasado nos dejó con cierto mal sabor de boca por limitarse a repetir la deliciosa Eterna canción estrenada con éxito clamoroso el año anterior, esta temporada nos compensa montando dos nuevas obras de Sorozábal en un programa doble de dimensiones colosales y que ha alcanzado no menores resultados artísticos.

Adiós a la bohemia es una obra en un acto sin apenas diálogos hablados, a medio camino entre la ópera y la zarzuela. Su estructura formal y sus vínculos estéticos se ponen en el platillo de la ópera de una hipotética balanza; sin embargo la conseguida teatralidad de sus situaciones, el tema que ilustra o las músicas de las que bebe la partitura enraízan la obra en la tradición de la zarzuela, de la que Sorozábal es, sin duda, su último gran nombre. La música, de extraordinaria vitalidad, está íntimamente ligada al texto de Pío Baroja, consiguiendo entre ambos cambiar poderosamente el ánimo del público a lo largo del espectáculo.

Ramón es un pintor fracasado que tiene que volverse a su pueblo para ganarse la vida trabajando en el campo. Antes de marcharse se cita con Trini, su antigua novia, en el café que frecuentaba cuando tenía una vida de artista. La obra nos muestra su espera inquieta ante la incierta llegada de Trini al café, adornada con detalles de ambientación madrileñista, y su intensa conversación con la mujer a la que amó donde descubrimos la triste realidad de esa chica sin futuro a la que no le ha quedado más remedio que dedicarse a la prostitución. La respuesta negativa de Trini a la propuesta de Ramón para que ambos vuelvan juntos desencadena su definitiva separación y lleva a éste a una conformista desesperación. Todo un cuadro de supuesto realismo, como adelanta y concluye el vagabundo-poeta que nos cuenta la historia.

Mario Gas , en perfecta compenetración con su hermano Manuel en el foso, plantea una limpia lectura de la obra permitiendo así que ésta brille con luz propia. El presente montaje de Adiós a la bohemia trata de evocarnos el universo de Baroja y de Gutiérrez Solana, artistas en los que lo sórdido adquiere categoría estética a través de una mágica simbiosis entre realismo y expresionismo trufada con una cierta dosis de humor negro. En coherencia con ello si bien Juan Sanz y Miguel Ángel Coso nos presentan la ortodoxa escenografía de un café “fin de siglo”, la iluminación de Francisco Ariza, los figurines de Brisa Salietti y la actuación histriónica de los personajes secundarios dictada por Mario Gas, se suman para acentuar el lado esperpéntico de la obra.

Maria Rey-Joly, Javier Galan - Adios a la bohemia ( Teatro Espanol)

María Rey-Joly y Javier Galán dan vida a una pareja protagonista no demasiado bien compenetrada. Así si Rey- Joly nos ha sorprendido por su completa comunión espiritual con el personaje de Trini, al que viste del justo patetismo sin ningún tipo de exceso, el Ramón de Javier Galán, al que le sobra energía y le faltan años, no consigue rodearse del halo bohemio que el rol requiere, resultando demasiado plano. En lo vocal ambos están a la altura de la exigente partitura sorozabaliana haciendo gala de un fraseo y de una vocalización intachables. El vagabundo de Iñaki Fresán nos atrapa desde la primera nota con su parlamento introductorio, si bien ciertos problemas de dicción hacen que la comprensión de esa declaración leoncavalliana de intenciones no sea del todo posible. La magnífica puesta en escena incluye la sorprendente escena hablada del sátiro, ausente de las tres grabaciones discográficas de esta ópera chica. El actor Francisco Piquer consigue producir una espontánea sensación de náusea en el público ante tan cruda exposición de bajos instintos.

Black, el payaso, opereta en un prólogo y tres actos, brilla esplendorosa tras la negrura y el pesimismo de Adiós a la bohemia. La música de Sorozábal, siempre inspirada, fluida y expresiva, por momentos alegre, melancólica, loca, tierna, desenfadada, dramática o frívola, conforma una partitura de primer orden que se amolda a la perfección a todas las situaciones dramáticas planteadas por el libretista. La puesta en escena llena de color y exhuberancia visual no ha resultado ser la clásica exhibición de lujo escenográfico y grandilocuencia que el libreto, teñido de las convenciones de la opereta austrohúngara, pide. De nuevo, como en la ópera barojiana, vemos a Sorozábal cuestionando el concepto de género. Y es que, aunque los propios autores la etiquetaran como opereta, la adscripción a dicho subgénero lírico es casi epidérmica; toma del mismo, argumento, ambientes, ritmos, rasgos formales de los números musicales, etc., pero subyace siempre un impulso teatral zarzuelístico, que la convierte en gloriosa culminación del género inventado por Barbieri.

Black, el payaso es la historia de un artista de circo que se hace pasar por el príncipe creído muerto de su pequeño país de opereta. Cuando la princesa a él prometida lo cree reconocer, el amor que Black siente hacia ella tiene recíproca respuesta. De este modo el payaso se convierte en rey, y su patria empieza a disfrutar de días felices. Todo va bien hasta que el verdadero príncipe, que no tiene afán de recuperar su trono, se presenta secretamente ante Black para conocerle; esto lleva a nuestro protagonista a confesar su impostura a la princesa, que reacciona agriamente rechazándole –para luego, tras comprobar la heroica defensa que Black hace de ella en un asalto revolucionario al palacio finalmente sofocado, volver a aceptarle como verdadero soberano, aunque este efectista giro argumental sea omitido en este montaje–.

Javier Galan, Beatriz Diaz - Black, el payaso ( Teatro Espanol)

Ignacio García decide contarnos la anécdota vital de Black como si de un cuento se tratara. Para ello recurre al ámbito circense, presente en el prólogo de la obra, tornándolo en telón de fondo del espectáculo. Todas las peripecias de los tres siguientes actos se llevan a cabo bajo una carpa, entre trapecios y banquetas de fieras y ante espectaculares malabarismos y ejercicios acrobáticos. El esplendor de la corte de San Telmo solamente se puede vislumbrar a través del lujoso y caricaturesco vestuario de los protagonistas, puesto que las comparsas están formadas por las gentes de ese Circo Alhambra en el que se transforma el Teatro Español.

La trama dramática de la zarzuela avanza a golpe de narración, habiendo quedado suprimida la inmensa mayoría de los diálogos hablados. De este modo la acción queda expuesta con una enorme fluidez aunque eso sea a costa hacernos ser en todo momento conscientes de que estamos viendo una ficción a la que somos ajenos. Los textos suplementarios han sido proporcionados por María José García, responsable de la nueva versión del algo alambicado texto de Francisco Serrano Anguita; los cambios no sólo benefician la eficacia del espectáculo sino que acentúan la carga ideológica de la obra –que en la Barcelona de los años cuarenta tuvo que sortear una férrea, aunque algo torpe, censura política– y se han hecho pensando en los ojos del público actual, en un momento en el que algunos españoles están obcecados con que se produzca un olvido de la terrible brecha abierta en España por el levantamiento militar franquista.

Enrique Baquerizo, Javier Galan - Black, el payaso ( Teatro Espanol)

El plantel de cantantes y actores que conforma el reparto de Black, el payaso ha sido elegido con mejor criterio que el de Adiós a la bohemia. El rol del rey payaso sí que se adapta como un guante a las cualidades del barítono Javier Galán. En lo vocal, este joven cantante valenciano suma a su generoso caudal de voz y a su bello timbre una emisión limpia, unos espectaculares agudos y una gran atención a los aspectos textuales; en lo escénico delinea con precisión un personaje pleno de humanidad. Su lectura de la romanza “Hacer de un mísero payaso…” resulta emocionante y llena de sincero sentimiento. Además, su titánica labor cantando noche tras noche, durante cuatro semanas seguidas, cinco actos de música, es admirable.

El bajo Enrique Baquerizo encarna con maestría al Sancho Panza de esta historia; su extrovertida pero a la vez severa lectura del personaje de White –que afronta vocalmente con brillantez a pesar de las limitaciones actuales de su instrumento– le permite hacer gala de su enorme talento actoral. Beatriz Díaz exhibe con acierto la enorme rigidez escénica que su rol de princesa le impone; su elegante línea de canto y su fina voz de lírica-ligera contribuyen por su parte a describir musicalmente la fragilidad de espíritu del personaje que encarna. El cuarteto de cómicos brilla a gran altura: la tiples cómicas Silvia Luchetti (deliciosa Catalina, de voz clara y estupenda dicción) y Trinidad Iglesias (solemne a la par que entrañable Condesa de Saratov de perfecta entonación) y los actores-cantantes Tony Cruz (gracioso aunque algo maduro Marat) y Paco Maestre (afectado y pomposo Barón de Orsava), demuestran felizmente su valía en el duetto y en el cuarteto. El actor Emilio Gavira da el toque justo en el papel de director del circo, notablemente engrosado al convertirse en narrador de la historia; por su parte Francisco Piquer está muy acertado en el sentimental rol de Gregorio Zinenko. Cierra el reparto el Dupont del tenor José Manuel Montero que canta con gusto su dúo con Black y las czardas, sólo ensombrecidos por una emisión algo tensa en los agudos.

La orquesta, que suena muy equilibrada, sigue fielmente las sabias indicaciones dinámicas y los endiablados tempi de Manuel Gas, apoyada siempre por un coro muy bien empastado (electrizantes sus intervenciones en Adiós a la bohemia). La sala del teatro, que tiene una excelente acústica, contribuye a resaltar la redondez de la interpretación musical. Resultados como éstos, tan satisfactorios en lo teatral y lo musical, deberían de llevar a la dirección del teatro a cuestionarse si no tienen la obligación moral de canalizar todo este talento artístico a través de una programación estable de lírica. ¿Por qué no rememorar los tiempos en que el Teatro del Príncipe fue uno de los coliseos líricos de la capital? ¡Desde aquí les animamos a ello!

© Ignacio Jassa Haro 2006


Repartos: Adiós a la bohemia. Ópera chica en un acto. Música de Pablo Sorozábal. Libro de Pío Baroja. Iñaki Fresán (Un vagabundo); Javier Galán (Ramón); María Rey- Joly ( Trini); Tony Cruz (Un señor que lee El Heraldo); Francisco Piquer (Un señor de capa); Rafael Núñez (Un mozo); Verónica Luján (Una señora vieja); Irene Escolar (Muchacha 1ª); Alicia Cabot (Muchacha 2ª); José Alberto García (Un chulo); Gustavo Piqué (Un pianista); Juan Mirá (Un violinista). Black, el payaso. Opereta en un prólogo y tres actos. Música de Pablo Sorozábal. Libro de Francisco Serrano Anguita (Versión de María José García). Javier Galán ( Black); Enrique Baquerizo ( White); Beatriz Díaz (Sofía de Surevia); Tony Cruz (Henry Marat); Silvia Luchetti (Catalina Feodorovna); Paco Maestre (Barón de Orsava); Trinidad Iglesias (Condesa de Saratov); José Manuel Montero (Carlos Dupont); Francisco Piquer (Gregorio Zinenko); Emilio Gavira (El director de escena); Jorge Merino ( Baydarof); Juan Mira (Un violinista); José Fernández Franch (Un clarinetista); José María Augusto (Un acordeonista); Marisa Prada (Trapecista); Héctor Vázquez (Malabarista 1º); Óscar Alba (Malabarista 2º).

Francisco Ariza (Iluminador); Antonio Belart (Figurinista); Juan Sanz y Miguel Ángel Coso (Escenógrafos); Hernán Gené (Asesor circense); Coro y orquesta; Mario Gas (Director de escena – Adiós) Ignacio García (Director de escena – Black); Manuel Gas (Director musical).
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