Pablo Luna

El asombro de Damasco

Teatro de la Zarzuela
(Madrid, 15 de Enero de 2005)


Christopher Webber

El asombro de Damasco

Una cuestión nada desdeñable que este importante montaje de El asombro de Damasco ha conseguido mostrar es la inconsistencia del lugar común según el cual la obra de Pablo Luna debe más a la opereta europea continental que a la zarzuela española. Aunque esta obra bebe de muchas fuentes del teatro musical –como de la gracia de Arthur Sullivan (que en The Rose of Persia contó la misma historia), del humor más terrenal de su seguidor Lionel Monckton, de la sensualidad de Puccini o del más inesperado exotismo de corte romántico de Grieg– ¿dónde se ven rasgos de opereta? Y es que, aun admitiendo que la obra es en dos actos, su espíritu es de auténtico género chico, siendo muchísimo más afín a Chueca que a Fall, Lehár o Kálmán. Puede que el libreto sea una muestra frívola de ese tesoro que son Las mil y una noches, sin embargo la maestría musical de Pablo Luna supo combinar los elementos en juego obteniendo un todo de rico colorido y enorme personalidad y belleza.

La herencia chuequiana es enfatizada por Jesús Castejón en esta producción que opta por el enfoque cómico(-sexual) en lugar del romántico. Los decorados y trajes son riquísimos; es de agradecer que sean coherentes con el pasado histórico del imperio otomano en lugar de seguir la tradición hollywoodiana. Este montaje se halla más próximo de las películas de la serie Carry on [subgénero cinematográfico británico, cómico y “verde”, muy popular en los años 50 y 60. Nota del traductor] que de El ladrón de Bagdad.

Por otro lado se trata de un espectáculo de actores más que de cantantes y en el que muchos momentos cómicos se resuelven con gran eficacia gracias a un trabajo riguroso. Rafa Castejón nos cautivó con un Alí-Mon delicadamente perverso. Su contrapunto fue el Ben-Ibhem de generosa “humanidad” de Miguel Sola. El sirviente eunuco de Eduardo O. Carranza y el cajonero mudo y escurridizo de Antonio Resino también brillaron con luz propia. La coreografía de Nuria Castejón consigue con éxito “sacar pluma” de los personajes. La disolución de las fronteras de género está especialmente conseguida en los movimientos y actitudes de los cojos guardias del Cadí y de las acompañantes con actitud felina de Fahima.


Casimiro Ortas, el primer Ben-Ibhem

Pero obviamente, también a este montaje se le pueden poner reparos. La comedia loca en la que Jesús Castejón se embarca hace aguas en el fondo. Y la modificación introducida por el director en el final de la obra es una muestra palpable de ello. Cuando la burlada Zobeida pide a su salvador que le diga cómo puede mostrarle su gratitud por haberla hecho justicia, el Califa (Abel García) no duda en citarla esa noche. El cambio de noble deus-ex-machina a lujurioso bromista es significativo. La propia Zobeida oscila entre virtuosa esposa y descarada mujer objeto, una personalidad esquizoide que funciona bien sobre la marcha pero que crea problemas a la hora de llevar la historia a algún lugar. María Rey-Joly es una sólida intérprete dotada de una voz y personalidad propias; sin embargo aquí no es capaz de dar plenitud vocal y escénica a un personaje en el que no se encuentra cómoda. José Antonio López se llevó los honores en el apartado canoro con un Gran Visir imponente, de línea vocal firme y lírica en “Esto que pides aquí”, una de las más bellas melodías de gran aliento de toda la producción de Pablo Luna; otra cosa fue su actuación en la loca farsa del acto segundo, donde también se encontró fuera de lugar. Fahima, la astuta vendedora de perfumes que dirige la intriga de la historia, fue asumida por una Carmen González con mucho oficio pero que no pudo dar al personaje la frescura de la que Luna le dota.

El coro del Teatro de la Zarzuela no brilló al nivel al que nos tiene acostumbrados; sin embargo nunca habíamos escuchado a la orquesta sonar mejor. Miguel Roa se recreó admirablemente en todas las sutilezas alhambristas que la partitura de Pablo Luna contiene; el maestro estaba sin duda emocionado por la muerte ese mismo día de Victoria de los Ángeles a cuya memoria la función fue dedicada.

Esta producción no carece de magia –la música de Pablo Luna y la dirección artística de Ana Garay contribuyen principalmente a ello– sin embargo está “tocada” en su corazón. Como comedia ligera la producción de Jesús Castejón es ingeniosa y divertida, pero el día en que merecidamente se reponga (¡y esperemos que sea bien pronto!) creemos que el director tendrá más confianza en la obra y dejará que resuenen con más fuerza los latidos que emanan de su órgano vital. Los clásicos no lo son porque sí, y esta historia romántica oriental deja entrever un rico sustrato siempre que éste no quede oculto por la anécdota folclórica. La triste suerte de Zobeida debe conmovernos para que la maravillosa zarzuela escrita por Luna no pase a través de nosotros cual arena del desierto que se cuela entre los dedos.

© Christopher Webber 2005
© Ignacio Jassa Haro (Traducción) 2005


El asombro de Damasco
zarzuela en dos actos
música de Pablo Luna
libreto de Antonio Paso Cano y Joaquín Abati

Reparto: Zobeida - María Rey-Joly; Fahima - Carmen González; Ben-Ibhem - Miguel Sola; Alí-Mon - Rafa Castejón; Nhuredín - José Antonio López; Ka-Fur/El Califa - Abel García; Amarus - Eduardo O. Carranza; Muecín - Gerardo López

Jesús Castejón, director de escena; Ana Garay, escenógrafa y figurinista; Nuria Castejón, coreógrafa; José Manuel Guerra, diseñador de iluminación; Coro del Teatro de la Zarzuela; Antonio Fauró, director del coro; Orquesta de la Comunidad de Madrid; Miguel Roa, director musical.


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