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El barberillo de Lavapiés El director de escena alemán Christof Loy ha descubierto su pasión por la zarzuela. Es un talentoso director de escena que ha sido responsable de numerosas producciones de ópera. Además, ha fundado Los Paladines, compañía de zarzuela destinada a promocionar el teatro musical español y darle una proyección internacional. La primera producción de esta compañía es la emblemática zarzuela de Francisco Barbieri El barberillo de Lavapiés, que hace una entrada triunfal Basilea. Cuando la zarzuela, modelo eminentemente español, conquista al público suizo. Y nos promete ya otras dos producciones (en enero Benamor en el Theater an der Wien de Viena y en junio El gato Montés en el Teatro de la Zarzuela de Madrid). En el teatro de Basilea (Theater Basel), Christof Loy justifica su gran reputación. Como de costumbre, apuesta por una lectura contemporánea. El vestuario (diseñado por Robby Duiveman) es actual, excepto en lo que respecta al elenco de los soldados valones de la guardia real (ya que los Países Bajos eran españoles en aquella época), vestidos con trajes del siglo XVIII con pelucas blancas. El decorado (de Manuel La Casta) está en la misma línea, desnudo y blanco, con algunos troncos de árboles, que no evocan el Madrid de la trama. Pero la actuación y los gestos de los participantes, ayudados por la dramaturgia de Élise Boch, se mantienen lo más cerca posible de sus acciones, tanto en sus diálogos hablados (muy poco acortados, sobre acordes de un guitarrista) como en sus intervenciones en el seno de una muchedumbre vibrante, acompañados de bailarines también españoles (coreografía arreglada por Javier Pérez). ¡Elocuente de inmediato! Y eso a pesar de los sobretítulos solo en alemán e inglés. Los pasajes hablados, inherentes a toda zarzuela, fluyen así rápidamente.
El reparto vocal de los solistas (todos españoles) resulta casi ideal, tanto por la encarnación de los personajes, rivalizando entre ellos en elocuencia y labia, como por sus transmisiones cantadas. En el papel principal del barbero Lamparilla, el barítono David Oller ofrece una emisión vocal firme y apasionada acorde con su carácter de héroe pícaro. Su compañera Paloma encuentra en Carmen Artaza a una mezzo petulante de lirismo sensual. La otra pareja, la Marquesa y el Marqués, recae en la soprano Cristina Toledo, con su timbre claro, y en la voz segura del tenor Santiago Sánchez. Excelentes, así como los papeles secundarios. Una vez más, se confirman las virtudes vocales de los actuales cantantes españoles. El coro, el del Teatro de Basilea, reacciona con ímpetu y con una excelente elocución del idioma español (buen trabajo preparatorio de Michael Clark). La orquesta Sinfónica de Basilea responde sin fisuras a las impetuosas y rigurosas órdenes de José Miguel Pérez-Sierra (actual director musical del Teatro de la Zarzuela), aunque sus primeros momentos son más inseguros. Y el público de Basilea reserva un merecido triunfo para la producción, con aplausos interminables, entre las arias y de pie para el saludo final. ¡Por la gloria de Christof Loy! © Pierre-René Serna 2025
3/X/2025 |