Zarzuelas en el olvido
Música de Manuel Fernández Caballero en el centenario de su muerte

Château Margaux
(Text: José Jackson Veyán)
La gallina ciega
(Text: Miguel Ramos Carrión)

Ópera Cómica de Madrid

Centro Cultural Conde Duque
11 de marzo de 2006

Enrique Mejías García

Tomas Saavedra Barrera
Manuel Fernández Caballero
(1835-1906)


Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que de un tiempo a esta parte se está empezando a entender de otra manera, a revolucionar si se prefiere, lo que entendemos por el término de zarzuela. ¿Es precisa esta renovación? A nadie le cabe duda, y es deber de los organismos públicos un compromiso estricto con el género lírico que hace inmenso el panorama de la música culta española y que aún está por descubrir en sus infinitas bellezas. La zarzuela no tiene ningún problema como género, al contrario, ofrece múltiples posibilidades de exploración artística y podríamos entenderla como un universo rico a partir del cual ir edificando con férreos cimientos el verdadero pabellón de la música española. Por tanto, que la compañía Ópera Cómica de Madrid actúe de nuevo en el Centro Cultural del Conde Duque en un segundo “Ciclo de zarzuelas en el olvido”, debe ser observado con interés como mínimo... y con entusiasmo si los resultados son tan satisfactorios como en este caso.

La trayectoria que en los últimos años está llevando Ópera Cómica de Madrid se podría describir como única, y es que ninguna otra compañía privada apuesta tanto y a tan alto nivel artístico como ellos por la zarzuela. Aunando repertorio tradicional y recuperaciones de obras en el olvido configuran programas sugerentes que, además, suelen ir acompañados de propuestas escénicas innovadoras y que, salvo excepciones, tienden a ser del agrado de crítica y público. Ahí están sus éxitos con Mis dos mujeres de Barbieri, Emigrantes y La señora capitana de Barrera, o recientemente El relámpago, también del genial Francisco Asenjo. Sin embargo, y paralelamente, en el espacio del Conde Duque desempeñan una función similar aunque, normalmente, en el formato de recital vocal a piano o, como en el caso de El conjuroBuenas noches Señor Don Simón, acompañados de sexteto y de una mínima, aunque eficiente propuesta escénica. Aún así, esta labor, no lo olvidemos, ya fue iniciada años atrás en espacios como el Ateneo de Madrid y el Círculo de Bellas Artes.

Para conmemorar el centenario de Manuel Fernández Caballero (muerto en Madrid el triste día de 26 de febrero de 1906) esta vez han ofrecido a los madrileños un sabrosísimo programa doble integrado por el popular Château Margaux y la más rara y desempolvada para la ocasión La gallina ciega. La celebración de tan señalada onomástica está encuadrada como el último de los recitales-producciones del citado “Ciclo de zarzuelas en el olvido”.

Del Château podemos decir poco más de lo que ya todo el mundo sabe, siendo como es una de las zarzuelitas de la primera década dorada del género chico, los 80 del XIX, que sobrevive en el repertorio aunque hoy en día se represente a duras penas y por compañías que deciden arriesgar más por lo infrecuente que por lo trillado una y cien veces en teatros de todo el panorama nacional. Ópera Cómica de Madrid eligió a Sonia de Munck como soprano idónea en el papel de Angelita, que fue lisonjeramente ovacionada por el público después de sus coplas o del inmortal vals de la borrachera. Su estilo y elegancia en el canto se hicieron patentes en todas sus intervenciones, y demostró, una vez más, que es una excelente soprano lírica ligera, ideal para roles como éste o el ya interpretado en El relámpago. A su lado, encarnó el papel del criado José el cantante Emilio Sánchez, que con simpatía y comicidad sinpares ofreció su capricho cómico y la parte que le correspondía en el dúo a ritmo de javeras y panaderos. En dicho número, el último del delicioso juguete cómico que ideara Jackson Veyán , Sonia de Munck también estuvo acertadísima afinando con corrección sus notas picadas en el registro agudo y cantando lo de “ Yo quiero a un torero” con una majeza sorprendente.

La gallina ciega es muy diferente al Château Margaux... Estrenada en 1873 en el Teatro de la Zarzuela es obra que se sitúa a medio camino entre la zarzuela grande romántica y la opereta bufa de inspiración más afrancesada. Sobre este último aspecto es inevitable al escuchar su música el recordar al Offenbach de La Grande Dúchese de Gérolstein y toda la corriente bufa que en torno a Arderius, empresario y artista, se desarrollaba en Madrid desde una década antes y con obras del calado de El joven Telémaco, Robinson o El Potosí submarino. Los números de La gallina ciega se van superando en comicidad y belleza unos tras otros. Desde el primer dúo de tiple y tenor, de un gracejo comparable al del dúo de tiples de Los sobrinos del Capitán Grant, hasta el dúo-habanera que le sigue. Por cierto, que Pablo Sarasate tomó el tema de la habanera de La gallina ciegapara su Habaneraop.2. Continúa el exquisito y casi rossiniano cuarteto “de los idiomas”, ¡donde los cuatro personajes llegan a cantar a ritmo de polka y tirana en cuatro idiomas diferentes a la vez! Una canción de tiple que nos hace ya soñar con la de El cabo primero, un terceto donde se parodia a toda costa la escena de locura de Linda de Chamounix (obsesión de O, la protagonista de la zarzuela) y así un número tras otro, que fueron provocando la más jocosa hilaridad de un público que nos preguntábamos cómo tan sabrosa obra podía haberse mantenido en el olvido.

La interpretación fue, por otro lado, espléndida, y se llegó a bisar el cuarteto citado. Los “bravos” fueron mucho más generosos que lo que acostumbran en recitales de estas características y aún hubo algún entusiasmado espontáneo que clamó: “¡No os vayáis, seguid cantando!”. En el papel de O cantó de nuevo Sonia de Munck igual de acertadamente que en el Château Margaux; asimismo, volvió repitió Emilio Sánchez como el violinista del Circo de Paul , Serafín. Un sensacional Cleto fue encarnado por Luis Cansino, voz bella y templada donde las haya, graciosísimo en la escena y que por momentos nos hacía olvidar que estábamos ante una versión en concierto. La habanera fue entonada con sabor y cadenciosidad por Carmelo Cordón como Venancio, y Ana Martínez, por su parte, fue una mezzo de delicado y de bello timbre, además de poseer una voz muy bien colocada en las notas más graves del pequeño papel de Cincuncición.

Poco más dio de sí la velada en el Conde Duque. Sólo nos cabe desear que vuelvan muy pronto para un posible “III Ciclo de zarzuelas en el olvido” los artistas de Ópera Cómica de Madrid, y, si hay suerte, que este recital haya sido una prueba de fuego para La gallina ciega, como ya lo fue con El relámpago, y que muy pronto podamos verla escénicamente con plumas y cacareando.

© Enrique Mejías García 2006


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Manuel Fernández Caballero
portada de zarzuela.net