Canco d'amor i de guerra (Amics de l'Opera de Sabadell, 2006)

S.O.S. para la sarsuela catalana

Cançó d’amor i de guerra
Teatre Municipal La Faràndula
(Sabadell, Barcelona, 26 de Noviembre de 2006)


Ignacio Jassa Haro


Una reflexión sobre el abordaje del teatro lírico catalán a propósito del estreno del clásico de Rafael Martínez Valls

Que un proyecto cultural como el de los Amics de l’Òpera de Sabadell esté a punto de cumplir veinticinco años de vida es algo muy positivo. Esta asociación, que desarrolla una importante labor educativa (realizando cursos y concursos destinados a cantantes líricos), hace un heroico esfuerzo por levantar cuatro producciones anuales de teatro lírico con representaciones en su teatro base, La Faràndula de Sabadell, a las que se une un ambicioso programa de giras por toda Cataluña. Si además cada temporada dedica uno de sus montajes a la zarzuela, la labor es todavía más encomiable, especialmente teniendo en cuenta que al programar suele rehuir el repertorio más trillado abordando con asiduidad la maltratada sarsuela catalana.

Cançó d’amor i de guerra es quizá en este sentido una excepción, pues esta obra goza de buena salud y no es rara la temporada en que uno de los numerosos grupos aficionados de sarsuela catalanes no la ponga en escena. De hecho la constante demanda de materiales ha hecho necesaria la edición de la obra este mismo año por parte del ICCMU (y a cargo de Joan Casas), otro dato a celebrar.

La nueva producción que aquí reseñamos es nuestra primera experiencia lírica directa en la lengua de Ramon Llull, y como tal ha resultado ser una vivencia intensa. La obra tiene una partitura de extraordinaria belleza, donde todos los números rezuman inspiración; descuellan en ella los momentos de emocionante exaltación épica –que consiguieron arrancar entusiastas aplausos del numeroso y entregado público– que contrastan vivamente con las no menos logradas páginas de romántico intimismo –también unánimemente celebradas por el respetable–. En este sentido hay que decir que todas las fuerzas musicales puestas en juego, desde la brillante Orquestra Simfònica del Vallès, hasta su entregado director, Daniel Martínez, pasando por la totalidad de los solistas vocales (entre los que descollaron unos sobresalientes Carles Cosías y Carles Daza) y por el coro de los Amics de l’Òpera de Sabadell se sumaron para conseguir un todo bien conjuntado y lleno de vitalidad, teñido por momentos, a demanda de la historia contada, de humor, emoción, pasión, grandilocuencia o romanticismo.

Pero en el teatro lírico la música nunca puede resultar ajena a la escena, y esta última no estuvo en la presente producción a la altura de los tiempos. El libreto de Capdevila y Mora ha quedado un poco acartonado y es obligación de la dirección escénica conseguir quitar el polvo que sobre él hay a base de recursos que lo agilicen y rejuvenezcan sin por ello perder su esencia. Carles Ortiz no supo o no quiso ponerlos en práctica y el resultado fue un montaje correcto, pero aburrido, falto de chispa y sobre todo anticuado. Es verdad que estamos acostumbrados a ver muchas producciones de zarzuela donde el balance entre lo musical y lo escénico queda claramente descompensado en perjuicio de lo segundo, pero eso que puede llegar a ser tónica general en muchos montajes aficionados e incluso en los de algunas compañías privadas es algo imperdonable en las producciones que los teatros y las temporadas más o menos consolidados llevan a cabo regularmente –y donde no priman los resultados económicos del espectáculo a la hora de tomar decisiones artísticas–. Y es que si la producción con mayor presupuesto y medios de todo el panorama de la sarsuela se hace con estos mimbres, cabe preguntar a qué lugar se quiere llegar con este género, si es que se quiere llegar a algún sitio.

Canco d'amor i de guerra (Amics de l'Opera de Sabadell, 2006)

Resulta descorazonador ver cómo la tónica dominante en la Cataluña actual es la total ignorancia del pasado músico-teatral propio. Salvo las activas asociaciones de aficionados, que tienen un calendario relativamente rico de representaciones, y alguna iniciativa privada aislada (léase el Teatro Lírico de Barcelona de Josep María Damunt), ni una sola institución se preocupa (a excepción de los ya mencionados Amics de l’Òpera), no ya de la puesta en escena o interpretación concertante, sino ni siquiera del estudio, edición o grabación de ese rico e interesante repertorio. En ese sentido, que un teatro lírico de absoluta referencia en el panorama musical internacional como es el Gran Teatre del Liceu no se haya planteado desde su reconstrucción y reapertura en 1999 (cuando la programación pasó a ser decisión de un consorcio con participación de todas las administraciones públicas) la inclusión, siquiera marginal, de algún título zarzuelístico catalán (por no pedir una zarzuela no catalana lo que sería una quimera), es una demostración clara de la instrumentalización política de la gestión cultural a la que se puede llegar, pero sobre todo es una prueba palpable de la auténtica ignorancia de un pasado que en otros muchos aspectos se trata de hacer brillar con enfermiza obsesión.

La sarsuela catalana, ya sea con libreto catalán, en castellano o bilingüe, es un rico fruto de la cultura catalana; la zarzuela no catalana, es un producto cultural de sólida implantación en Cataluña durante la segunda mitad del siglo XIX y los tres primeros tercios del XX, como lo haya podido ser durante esas mismas fechas la ópera italiana o la alemana, en el que por otro lado participaron también relevantes catalanes. Tan sólo una burda vinculación entre zarzuela no catalana y “españolismo” (o mejor dicho “ anticatalanismo”) ha podido provocar el olvido institucional de un repertorio histórico que como en el caso de la ópera sólo puede ser conocido por las jóvenes generaciones si se promueve activamente su difusión. Del rechazo de la zarzuela no catalana al de la sarsuela tan sólo hay un paso, y es el de renegar de lo propio considerándolo resultado de una colonización de lo foráneo, craso error.

Pensar que este año en que se celebra el centenario de Santiago Rusiñol no se va a aprovechar la ocasión como excusa para recuperar un gran clásico suyo como L’alegria que passa (con música de Enric Morera), o que no se intente mirar al calendario para celebrar aniversarios más o menos caprichosos de estrenos legendarios como el de Lo cant de la Marsellesa (de Nicolau Manent), que cumplirá 130 primaveras el próximo verano, induce a sospechar que hay una voluntad expresa de olvidar lo que incomprensiblemente resulta molesto.

Recibimos en cualquier caso con esperanza la noticia de que la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) está acondicionando el antiguo teatro Español en el Paralelo barcelonés – mítica arteria teatral de la capital catalana– para promover la difusión de la creación artística propia y contemporánea. Esperamos que en él pueda tener cabida la sarsuela catalana (y la zarzuela no catalana) en unas condiciones que hagan justicia a la calidad musical y literaria de unas obras que aunque algunos se empeñen en olvidarlo también hacen “patria” catalana.

© Ignacio Jassa Haro 2007


Cançó d’amor i de guerra. Música: Rafael Martínez Valls; Libro: Lluís Capdevila y Víctor Mora. Reparto: Júlia Farrés ( Francina); Carles Cosías ( Eloi); Carles Daza (L’avi Castellet); Rocío Martínez (Catrina); Carles Ortiz ( Baldiri); Ferran Campabadal ( Horaci/ Pep); Carles Tricuera ( mestre Andreu); Oriol Brech ( Ferran Ridau); Robert Rué (alcalde Ridau); Tomeu Guiscafré ( Garet); Víctor Martínez ( Galdric); Marcos Vallejo ( Balandrot); Gregori Sánchez ( recitaire); Josep Perea ( cadet); Joan Padrós (Caporal); Esperanza Vergés (hostelera/ noia 2); Laia Puigmartí ( noia 2); Laura Obradors ( noisa 3); Orquestra Simfònica del Vallès; Cor Amics de l’Òpera de Sabadell; Esbart Egarenc; Jordi Galobart (escenógrafo); Nani Valls (iluminador); Nani Bellmunt (maquilladora); Toni Santos (peluquera); Carles Ortiz (director de escena); Daniel Martínez (director musical y del coro)

Nueva producción de la Associació d’Amics de l’Òpera de Sabadell

Edición crítica de la partitura y del texto a cargo de Joan Casas (ICCMU, 2006)


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portada de zarzuela.net