Homenaje a
Ruperto Chapí
en el centenario
de su muerte


I.
La sobresalienta

(J. Benavente)
El cortejo de la Irene
(C. Fernández Shaw)

II.
Nocturno
(E. Fernández Campano)
La calandria
(M. Ramos Carrión y V. Aza)
Guardia de honor
(E. Sellés)

III.
Aquí hase farta un hombre
(Hnos. de la Cueva)
El moro Muza
(F. Jacques)
Los golfos
(E. Sánchez Pastor)

Ruperto Chapi
Ruperto Chapí
(1851-1909)

Ópera Cómica de Madrid

Madrid, Auditorio Conde Duque
23 de enero, 27 de febrero
y 27 de marzo de 2009

Enrique Mejías García


Nuestro compañero Ignacio Jassa ya anunció hace meses en este portal la que iba a ser una de las citas inexcusables de este Año Chapí 2009: un ciclo de zarzuelas en el olvido que en el Centro Cultural Conde Duque iba a realizar Ópera Cómica de Madrid con la recuperación en su versión concertante de catorce zarzuelas inéditas del xiquet de Villena. La expectación levantada por la noticia era lógica: en apenas un año el público de Madrid iba a poder disfrutar de más zarzuelas juntas de las que hasta hoy ya conocía del maestro por su grabación sonora o por su regular puesta en escena (que por ahora son once… considerando entre ellas a Margarita la tornera).

Las ganas por disfrutar de la mejor música española no han sido defraudadas por el equipo dirigido por Francisco Matilla (¿hace falta decirlo a estas alturas?) Dentro del proyecto de su Taller de Zarzuela, Ópera Cómica ha vuelto a demostrar cómo se deben hacer las cosas para que salgan chipén: imaginación, pasión, excelencia. No es fácil engañar a un público que cada vez aguanta menos el "gato por liebre" en esto de la zarzuela y que aplaude a rabiar sólo cuando las cosas se sirven bien. Las ocho zarzuelas que hemos escuchado en Conde Duque -no cabe lugar a dudas- las consideramos tanto un homenaje a Chapí, como al género y a quienes lo amamos. Éste es el camino en la exploración de repertorios y estilos, un primer paso hacia la decidida puesta en escena como ocurrió con la celebrada Gallina ciega de estas navidades pasadas.

El nivel artístico de los conciertos ha sido considerablemente notable, con voces jóvenes, profesionales indiscutibles, y que demostraban interés en todo momento por la comprensión del texto y una manera de "decir" el género chico natural cuando se requería, e intensamente lírica cuando era el caso. En este sentido debemos felicitar a Matilla, director artístico y, cómo no, a Fernando Poblete como coordinador artístico de los eventos.

Entre los jóvenes cantantes que han participado en el proyecto no podríamos mencionar a unos y acallar el nombre de otros, así que por justicia les nombraremos a todos, acompañando a nuestras líneas el más sincero de los aplausos: Ana María Hidalgo, César San Martín, Lucía Escribano, Gerardo Bullón, Airam de Acosta, José Manuel Velasco, Sergio Escobar, Adela López, Elier Muñoz, Itxaso Moriones, Amaya Fernández, Carolina Moncada y Miguel Ángel Lobato. Esperamos verles muy pronto derrochando simpatía, juventud y buen hacer en un escenario y lidiando con un par de estas obritas escenificadas… ¿qué le parece Sr. Matilla? Sobre los pianistas que se encargaron de la siempre peliaguada parte de acompañar, cabe señalarse por parte de los tres -Gianpaolo Vadurro, Ángel Huidobro y Roberto Balistreri- el innegable acabado técnico en sus lecturas de unas partituras no siempre fáciles de solucionar. En el caso del tercero de ellos, además, se contó con un plus de desenvoltura y gracejo siempre muy de agradecer -como de hecho se hizo- por el respetable.

En relación a las obras cantadas habría muchísimo que decir, aunque no cansaremos al amigo lector derrochando adjetivos por aquí y allá… A estas alturas todos sabemos cómo suena y cuál es el secreto del compositor de El tambor de granaderos: el dominio total y absoluto de las tablas con música, del doliente dúo o el chispeante conjunto; el dios Apolo de la corrala en la desbordante de sal Los golfos (1896), y el Barrabás malintencionado de los salones aristocráticos para la finísima opereta satírica de Guardia de honor (1905). Llamó mucho la atención la tardía Aquí hase farta un hombre (1909), con un Chapí afín a la fórmula de andalucismo mágico de José Serrano, o El cortejo de la Irene (1896), un aguafuerte majista de melodías inolvidables. También fueron muy del agrado del respetable las ligeritas y puramente cómicas Nocturno (1890), La calandria (1880) y El moro Muza (1894), mientras que La Sobresalienta (1905) nos situó ante un Chapí conciso en el trazo y de inspiración tan noble como deliciosa.

La siguiente cita en este ciclo de "Chapís en el Olvido", tendrá lugar el 5 de junio… ¡y todavía nos quedan cincuenta días!

© Enrique Mejías García 2009


Ruperto Chapí
Año Chapí 2009
portada de zarzuela.net

13/IV/2009
rev. 20/IV/2009