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La ciudad de Alcalá de Henares, situada treinta kilómetros al noreste de Madrid, es mucho más que una ciudad dormitorio en su área metropolitana. Su historia se remonta a la época romana, donde recibía el nombre de Complutum. Aun hoy pervive el gentilicio latino en el apelativo de la célebre Universidad Complutense, fundada en Alcalá por el cardenal Cisneros a finales del siglo XV y trasladada a Madrid en el XIX. Veinte centurias de intensa historia, jalonadas por un glorioso “siglo de oro” (del que es muestra un imponente catálogo arquitectónico, civil y religioso, conservado con mimo por los alcalaínos) son un aliciente magnífico para visitar Alcalá de Henares. La reapertura el año 2003 del antiguo Corral de Comedias de la plaza de Cervantes (el “corral de zapateros”) suma una gema más a la enorme lista de atractivos de la ciudad que vio nacer a Catalina de Aragón, a Miguel de Cervantes o a Manuel Azaña.
Esta sala tan peculiar goza de una temporada teatral estable desde el año 2005 cuando asume su gestión la fundación del prestigioso Teatro de la Abadía de Madrid con una rica e imaginativa programación. La lírica ha tenido desde entonces una presencia discontinua en sus tablas si bien en la presente temporada sus apariciones han sido agrupadas en un breve pero sustancioso ciclo bautizado como “Corral Lírico”. Una representación operística en formato de cámara (Don Pasquale de Gaetano Donizetti) y sendos recitales de opereta y zarzuela (objeto ambos de nuestros comentarios) han permitido llevar a cabo un acercamiento sistemático a tres realidades distintas pero complementarias del teatro lírico europeo. El primer programa del Ciclo reunió bajo el título de “Operetas” a la soprano Amanda Serna y al pianista Jorge Robaina en un “cursillo intensivo” sobre las variantes vienesa y francesa del mentado género. El público que acudió al teatro las tres noches en las que se impartió este curso disfrutó de lo lindo de un repertorio que – tristemente– se hace raro en estas latitudes. El espectáculo cayó, a propósito, en todos y cada uno de los tópicos glamurosos que identifican al género operetístico: brindis con champagne, antifaces, tocados, joyas, vestidos de raso… Sin embargo la “profesora” Serna se encargó de dotar al discurso narrativo de un adecuado tono irónico que junto a su simpatía natural neutralizaron el aparente estiramiento al que tanto corsé acaba sometiendo a esta forma de teatro musical. Entre romanza y romanza, Serna desgranó los pormenores más relevantes de las carreras de Offenbach, Strauss o Lehár poniendo asimismo en antecedentes al público sobre el contexto argumental de los fragmentos que iba a cantar; solamente cabe echarle en cara una cierta premura en el aprendizaje de esos textos hablados que deberían haber salido de su boca de forma más espontánea. Su interpretación vocal resultó siempre lucida haciendo gala de sus generosos medios instrumentales y de su bello timbre aterciopelado. Sin embargo no supo adaptarse por igual al estilo de todo el repertorio abordado. En lo vienés mostró una rigidez que creemos poder justificar en su falta de comodidad con la lengua alemana (al menos en su interpretación de El conde de Luxemburgo del Festival de Zarzuela de Las Palmas de Gran Canaria, en castellano y registrado en DVD, Serna se mostraba mucho más afín con el espíritu de la música de Lehár). La segunda parte francesa resultó mucho más fluida, especialmente en los tres números de Offenbach donde aunó con talento un emocionante brío con una deliciosa dulzura. Las propinas demostraron lo que siempre reclamaremos: cómo la comprensión del texto engrandece el disfrute del teatro lírico; en los dos fragmentos del Chateau Margaux de Fernández Caballero la Serna rozó el firmamento.
El “espectáculo” de zarzuela –pues nunca nos sentimos en un “recital” al uso– renunció por su parte a cualquier aditamento dejando que la música (y la actuación) hablaran por sí mismas las tres noches que también se exhibió. Una sencilla pero expresivísima iluminación, y una adecuada dirección de escena a cargo de Jesús Castejón pusieron en valor la cuidada selección de fragmentos vocales ofrecida. La presencia de tres cantantes, que no sólo actuaron en el escenario sino que se movieron y cantaron por la platea, hizo que resultara más variado que el recital de opereta. La implicación de todos ellos en el espectáculo fue muy notable. Carmen González es intérprete poderosa y su mera forma de respirar en la romanza de El cabo primero o en el dúo de La villana llegan con extraordinaria inmediatez; su dúo de Jugar con fuego con Federico Gallar nos puso la piel de gallina por la teatralidad lograda. Este poderoso barítono se mostró también convincente en el “Dile” de Don Manolito y en el dúo con el tenor de La del manojo de rosas. Pero fue Eduardo Santamaría quien a nuestro juicio tuvo una mayor homogeneidad en la velada lo mismo en las romanzas de La villana, Doña Francisquita y Luisa Fernanda que en todas sus intervenciones a dúo; este tenor cántabro de elegante fraseo, entonación precisa y bello timbre, supo dar una fuerza inusitada a sus intervenciones que resultaron emocionantes en todos los casos. Aunque no hayamos podido presenciar la puesta en escena de la ópera bufa donizettiana creemos poder transmitir una impresión global de esta primera edición del ciclo “Corral Lírico”. Nos ha sorprendido gratamente la maravillosa versatilidad del venerable recinto escénico alcalaíno, en el que sólo habíamos presenciado hasta el momento montajes teatrales del barroco. La música escénica romántica inundó de forma tan natural todos los rincones del viejo corral que su eco sólo podrá acallarse con nueva música. ¿Para la próxima edición, por qué no montar una producción escénica de zarzuela concebida específicamente para el propio corral? Una sugerencia: ¡género ínfimo! © Ignacio Jassa Haro 2008 Recital de Operetas . 2
de diciembre de 2007. Amanda Serna (soprano); Jorge Robaina (piano). Programa.
Primera parte: “ Meine Lippen, sie küssen so heiss”,
Giuditta ( Lehár); “ Heut’ noch werd’ ich
Ehefrau”, Der Graf von Luxemburg ( Lehár);
“ Vilja”, Die lustige Witwe ( Lehár)
–piano sólo–; “ Mein Herr Marquis”,
Die Fledermaus (J. Strauss II); “ Die Lerche in blaue
Höh´”, (J. Strauss II). Segunda parte: “Une gentile
fauvette”, La Fauvette ( Messager); “ Bruits lointane...O
brises de la nuit”, Paul et Virginia ( Massé);
“ Autrefois plus d´un amant”, La vie parisienne (
Offenbach); “O mon cher amant, je te jure”, La
Périchole ( Offenbach); “ J´en prendre un, deux,
trois,...” Pomme d´Api ( Offenbach). Propinas:
“Siempre lo decía nuestra directora”, Chateau
Margaux (Caballero); “Es este Burdeos un vino hasta
allí”, Chateau Margaux (Caballero)
24/I/2008 |