Linda Mirabel y compañía en "La corte de Faraón", Valencia 2008
Una revista actual para un público de ayer

La corte de Faraón (Perrín y Palacios / Lleó)
29 de junio de 2008
Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía


Una crítica de Enrique Mejías García


En tórridas fechas y luchando contra la final de la Eurocopa ha llegado la más tórrida de las “operetas bíblicas” a la capital del Turia. La corte de Faraón es, después de La bruja de Emilio Sagi en la temporada pasada, el segundo título zarzuelísitico que sube a las tablas del flamante Palau de les Arts en lo que parece que será una política de una zarzuela por año tras el anuncio de la temporada próxima con un nuevo Chapí escenificado, El rey que rabió en el montaje del Teatro de la Zarzuela dirigido por Luis Olmos.

Lamentamos en cualquier caso el localismo de los programadores del coliseo al limitar su radio de elección a autores del País Valencià. Pero quizás lo más lamentable es que si se opta por esta premisa, ¿por qué volver a empeñarse en los títulos de siempre? ¿No hay Lleó más allá de La corte de Faraón? ¿No hubiera sido el momento idóneo para un programa doble formado por la Corte y, por ejemplo, El método Gorritz o Los hombre alegres? Y hablando de Chapí, ¿no se merece una producción propia o una colaboración con otra sede, incluso con la propia Zarzuela, de un título menos trillado? Como siempre el quid está en las ganas de innovar y de echarle imaginación, ¿algún programador sabe lo que es “eso”…?

Hablando de esta Corte de faraón, integrada dentro del I Festival del Mediterrani, diremos que su director de escena, Francisco Negrín, la ha planteado, según palabras propias, como “una revista actual”: “He querido darle un sentido a estas escenas de cabaré, opereta y revista (…) desvelar lo que no se podía decir tan fácilmente en su día y encontrar un entorno nuevo en el cual cada uno de los momentos de la partitura quede justificado estilística y dramáticamente”. Este pretendido derroche de “humor terapéutico”, sin embargo, ha desembocado -en opinión del que les escribe- en una cabalgata de mal gusto y estupidismo teatral.

Cuando los libretistas Perrín y Palacios idearon su delirante visión de la Historia Sagrada jugaron las bazas del género ínfimo tamizado por los mimbres de la opereta elegante. El sugerir y no decir, la intuición de lo que no se deja ver es precisamente la chispa de obras como La corte de Faraón que nunca acaban de funcionar en montajes arrevistados. Una obra ínfima que no funciona bajo las grandiosas chabacanadas escritas por el respetado director de escena Francisco Negrín a quien sin embargo no le negaremos un muy buen hacer en el aprovechamiento y adaptación de un espacio como la sala sinfónica del Palau para acoger una propuesta escénica de magnitudes “faraónicas”.

Rossy de Palma, "La corte de Faraón" (Valencia, Palau de les Arts 2008)El espectáculo, en su apartado artístico, sí que corrió mejor suerte. La dirección musical de Enrique García Asensio fue correcta en lo técnico aunque algo distante y encorsetada mientras que el Cor de la Generalitat Valenciana cumplió su papel con discreción. Entre los cantantes destacaría en primer término a la veterana Linda Mirabal como Reina, un derroche de señorío escénico y que demostró en sus breves intervenciones cantadas (¡qué delicia de vals!) cómo su timbre permanece aún fresco y potente. Otra sorpresa fue la debutante Maite Alberola, ganadora del tercer premio del Concurso Operalia en 2006, como Raquel. Dijo muy bien sus dos bellísimas partes, la exquisita frase “Te aguarda mi señora la cámara nupcial” y el canto nocturno “La luz de la luna se quiebra en el Nilo”. Soledad Cardoso fue una correcta Lota // Josefina Bonaparte, que decide montar todo el numerito de La corte de Faraón para su esposo Napoleón, impotente y homosexual (¿?), una historia que a fuerza de prolongar lo improlongable acaba resultando cansina y tontorrona. La fuerza de las obras breves, ya sea esta opereta o la mismísima Verbena de la Paloma reside precisamente en eso, en su corta duración, en lo comprimido de su esencia que como un perfume se evapora cuando se le cambia a un frasco de mayor tamaño.

Tres entregadísimas viudas de Tebas fueron Pilar Vázquez, Begoña Alberdi y Eugenia Bethencourt, con número de boys incluido. José Miguel Sola demostró de nuevo su profesionalidad como Gran Sacerdote y Marco Moncloa fue un Faraón a quien la pluma le quedaba grande a pesar del garrotín. El actor Stéphane Facco fue el susodicho Napoleón que al final del espectáculo, como indica la moralina dictada por su guía de la campaña por Egipto lberto Mateo, “encuentra su propia canción”.

Bueno… pues sí… pero no. Para alguien que se liberó sexualmente hace ya unos cuantos añitos esta producción morcillera y grosera de La corte de Faraón le ha parecido en exceso tontorrona y que por muy buen humor con que uno se la quiera tomar nunca se la podrá tomar muy en serio.

P.D.: La super star de Babilonia Rossy de Palma bien, gracias.

© Enrique Mejías García 2008


La corte de Faraón (Valencia 2008)Reparto: Soledad Cardoso (Lota), Linda Mirabal (la Reina), Maite Alberola (Raquel), Pilar Vázquez (Ra), Rossy de Palma (Sul), Begoña Alberti (Sel), Eugenia Bethencourt (Ta), Marco Moncloa (el Gran Faraón), Alejandro Guerrero (José), Javier Franco (el General Putifar), Javier Agulló (el Copero de Su Majestad), José Miguel Sola (el Gran Sacerdote), José Enrique Requena (Selhá), Boro Giner (Seti), Stéphane Facco (Napoleón Bonaparte, actor), Alberto Mateo (el guía, actor). Dirección escénica: Francisco Negrín. Escenografía y vestuario: Louis Désiré. Coreografía: Ana Yepes. Iluminación: Bruno Poet. Orquestra de la Comunitat Valenciana, Cor de la Generalitat Valenciana. Dirección musical: Enrique García Asensio.
Edición crítica de la partitura y del libro a cargo de Josep Soler (Ediciones Iberautor, Promociones Culturales S.R.L./Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2005)


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portada de zarzuela.net

18/VII/2008