Amadeo Vives · Doña Francisquita
Teatro de la Zarzuela Madrid
(21 de Febrero; 14 y 26 de Marzo; 2010)
Ignacio Jassa Haro

Doņa Francisquita - El fandango en el baile de Cuchilleros (Teatro de la Zarzuela. Foto: Jesus Alcantara, 2010)


Idealistas y bullangueros, o el fiasco de una puesta en escena

Madrid se rinde ante la zarzuela que probablemente más se acerca a su esencia, con la que mejor se identifica su espíritu idealista, juvenil y eternamente bullanguero. Una vez más el escenario de la Zarzuela acoge a su feliz hija y una vez más su sala se llena hasta la bandera. En esta ocasión y previendo la demanda del público el montaje estrenado no sólo ha estado más semanas de lo habitual en cartel (seis y media frente a las cuatro de rigor) sino que además se ha dado una función semanal extra (o sea seis)... y eso a lleno diario. Pero para que esto haya sido posible el equipo gestor de esta santa casa ha ofrecido unos repartos vocales inmejorables comandados por un director orquestal de talla: Cuatro Fernandos de campanillas que se han alternado con tres Francisquitas excelsas, bajo la mirada atenta de tres experimentadas Auroras azuzadas por dos emblemáticos Cardonas.

Tristemente los aciertos del teatro y sus responsables artísticos terminan aquí, pues el montaje presentado es a nuestro juicio un auténtico despropósito donde se evidencian dos cosas ya presentidas hace cierto tiempo por quien esto escribe: Que lo importante aquí es la cantidad frente a la calidad y que si las cuentas (de caja) salen no merece la pena esmerarse por sacar adelante un proyecto con coherencia artística. Luis Olmos ha ido perdiendo de forma paulatina miedo a ser el omnipresente protagonista de las temporadas que él mismo proyecta, firmando incluso dos o tres de los escasos espectáculos exhibidos por su teatro, y ya envalentonado no duda en presentar un montaje que sólo puede recibir ese nombre por la cualidad estructural de su interpretación musical pues no tiene consistencia teatral ni visual.

Pero despiecemos la dirección escénica y artística para tratar de justificar nuestra decepción y no parecer unos injustos fustigadores movidos por despecho. La dirección de actores del montaje no existe, o al menos nosotros no hemos sido capaces de apreciarla. Cada uno de los muchos participantes se ha dejado llevar por su saber hacer. Por ejemplo, Ismael Jordi, por su elegante desenvoltura, Mariola Cantarero por su deliciosa impertinencia, Marina Pardo, por su macarrería natural, sin que haya un dibujo de cada rol al margen de esa impronta personal (algo que nos corrobora el hecho de constatarlo en todos los repartos).

En cuanto a la materialización visual del espectáculo, de nuevo la falta de proyecto asoma detrás de una escenografía que a priori puede parecer bien planteada. Consite ésta en una estructura formada por una serie de marcos que se encajan, a lo matrioskas, en otros de tamaño superior y que pivotan sobre cualquiera de sus jambas permitiendo dibujar las formas y volúmenes requeridos por la acción. Pero este ingenioso diseño no se muestra eficaz para recrear adecuadamente (salvo en el caso del tercer acto) los espacios del drama.

El color del montaje -presente a través del diseño de iluminación y de vestuario, éste pretendidamente años veinte en homenaje al momento del estreno de la obra- hacía daño a la vista y sólo en contadas ocasiones -un uso efectista en el quinteto o la atenuación intimista en algunos números solistas- creaba climas sinestésicos con la música y la acción. La sensación de puesta en escena improvisada de la típica compañía de bolos llega a su culminación viendo el movimiento escénico de los coros (con pasos de baile pensados para asociaciones corales de jubilados) o la integración de los bailarines solistas en la acción (que nos trae al recuerdo las tan censuradas prácticas emprendidas por José Luis Moreno en su célebre aventura lírica).

Doņa Francisquita - Jose Bros canta a la juventud en el final del primer acto (Teatro de la Zarzuela. Foto: Jesus Alcantara, 2010)
José Bros, como Fernando, canta a la juventud
en el final del primer acto de
Doña Francisquita

Pero, por fortuna, la presencia de Miquel Ortega hace posible que este proyecto salga adelante. Contando con una orquesta que en esta ocasión no ha sonado demasiado fina (suponemos que la enorme cantidad de funciones ha provocado que el número de atriles ocupados por estudiantes aventajados sea grande cada noche), Ortega ha sabido infundir vida a los compases de Vives, permitiendo que en los dúos, tercetos, quintetos o escenas concertantes en los que progresa la acción podamos visualizar a través de la música lo que la escena nos escamotea. Un ejemplo elocuente es el final del acto segundo con el baile de la mazurca. Sólo en contadas ocasiones los profesores de la ORCAM han estado atentos a la delicadeza tímbrica de la partitura, pero hay que reconocer que no estaba la cosa para sutilezas y había que atender a una prioridad: la de actuar desde el foso ya que no se hacía desde la escena.

Doņa Francisquita - Maria Jose Moreno hipnotiza con la cancion del ruiseņor a Ismael Jordi ante la mirada complice de Emilio Sanchez (Teatro de la Zarzuela. Foto: Jesus Alcantara, 2010)A pesar de nuestra vocación enciclopedista nos perdimos la actuación de Carles Cosías y Milagros Martín. Aun así el cómputo total de estrellas a las que hemos podido ver es abultado y a fin de no resultar demasiado prolijos daremos sólo una pincelada de la aportación de cada uno de ellos. El triángulo Jordi-Moreno-Herrera fue el más desigual. Si Ismael Jordi se mostró como el más elegante de los Fernandos que jamás hemos visto y María José Moreno como la más canónica vocalmente Francisquita de nuestro curriculum como espectadores, Nancy Fabiola Herrera tuvo el privilegio de ser la más ortopédica Beltrana que nuestra memoria puede recordar. La mezzo canaria no supo desenvolverse escénicamente y tuvo verdaderos problemas de emisión en las partes que la partitura exige cantar sacando la voz del pecho. Hay que reconocer que en esto Marina Pardo no le sacó mucha ventaja (y creemos que de haber escuchado a Milagros Martín, a juzgar por otras ocasiones en que la hemos visto actuar como Beltrana, afirmaríamos lo mismo): para las sopranos o mezzos actuales estos papeles de tiple son de extrema dificultad.

Doņa Francisquita - Mariola Cantarero finge un desmayo en los brazos de Jose Bros (Teatro de la Zarzuela. Foto: Jesus Alcantara, 2010)El terceto Cantarero-Bros-Pardo tuvo más mordiente que el anterior porque la interacción de mezzo y soprano resultó más efectiva. El Fernando de José Bros nos recordó las virtudes ya mostradas por el barcelonés al caracterizar vocalmente al Leonardo de La bruja o al Leandro de La tabernera; sólo anotar que encontramos su voz ligeramente fatigada sin el esplendor de otras ocasiones. Mariola Cantarero en cambio sí que deslumbró por sus facultades y su delineación de la protagonista. Si la consideramos aisladamente, su aportación vocal fue lo más destacado artísticamente de las tres funciones que reseñamos. Sin embargo la ausencia de directrices actorales la hizo naufragar al pasar al registro hablado. Pardo en cambio tuvo enorme desenvoltura escénica con la que logró sopesar las carencias vocales ya apuntadas al hablar de su compañera.

Pero hemos de confesar que si tuviéramos que elegir una combinación afortunada ésta sería el triunvirato de Munck-Vicens-Pardo, especialmente por la química que se estableció entre la primera y el segundo. De Alex Vicens podrá decirse en su contra que cierta tirantez ensombrece su emisión en los momentos más comprometidos, pero sin embargo tiene por contrapartida una naturalidad al cantar a media voz que encandila al auditorio y le permite empastar a las mil maravillas con sus dos antagonistas vocales. De Sonia de Munck nos quedamos con su elegante fraseo y su precisa dicción pero sobre todo con su alegría escénica, con la que dejó muy lejos a Cantarero y sobre todo a Moreno.

Los dos Cardonas congregados son modelos, a su modo, de tenor cómico; Julio Morales por su deliciosa sencillez, Emilio Sánchez por su justamente afectada hilaridad. Si el segundo tiene una línea de canto más depurada, el primero hace de sus limitaciones vocales un eficaz recurso expresivo. El adecuadamente ponderado Don Matías de Enrique Baquerizo y la desproporcionadamente chocarrera Doña Francisca de Amelia Font culminan nuestro repaso a las aportaciones individuales sirviendo de buen ejemplo sobre cómo ha descansado sobre la personalidad actoral de cada intérprete el resultado de la puesta en escena de este montaje. El Coro del Teatro, por último, no hace más que evidenciar cómo el viejo Madrid más que evocado es directamente retratado.

Sólo nos resta constatar que creemos acertada la división del espectáculo en dos partes (situando la cesura tras la romanza "Por el humo se sabe" a mitad del segundo acto). Esta decisión deja al público con el alma en vilo tras haber visto cómo Francisquita en su dúo con Fernando despertaba por primera vez en este último la duda sobre el papel de pelele que le hacía jugar Aurora. Tampoco se puede despreciar el aprovechamiento del espacio en el tercer acto y las coreografías del Marabú y del fandango. Olmos ha recortado además con acierto el texto en su revisión. Viene todo esto a colación para evidenciar que no está yerma la imaginación creativa del director de escena: es la falta de una idea global del montaje y la ausencia de aspiración a dar un realce material al espectáculo lo que nos parece inadmisible. ¡Y pensar que el Gran Teatre del Liceu de Barcelona recibirá esta producción el próximo mes de junio tras décadas de ausencia de la zarzuela sobre el escenario de las Ramblas!

© Ignacio Jassa Haro 2010


Doņa Francisquita (Teatro de la Zarzuela, 2010)Doña Francisquita. Comedia lírica en tres actos. Libro de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw basado en La discreta enamorada de Lope de Vega. Música de Amadeo Vives. Madrid, Teatro de la Zarzuela, 21 de Febrero (*), 14 de Marzo (**) y 26 de Marzo (***) de 2010.

Reparto: María José Moreno*/Mariola Cantarero**/Sonia de Munck*** (Francisquita); Ismael Jordi*/José Bros**/Alex Vicens*** (Fernando); Nancy Fabiola Herrera*/Marina Pardo**y*** (Aurora, la Beltrana); Julio Morales*y**/Emilio Sánchez*** (Cardona); Amelia Font (Doña Francisca); Enrique Baquerizo (Don Matías); Arturo Pastor (Lorenzo Pérez); Isabel Cámara (Irene, la de Pinto); Juan Matute (Juan Andrés); Javier Alonso (El lañador); Arantxa Urruzola (La buhonera); Xabier Pascual (El sereno); Javier Ferrer, Joaquín Córdoba e Ignacio del Castillo (Cofrades 1º, 2º y 3º); Ana María Ramos (Doña Liberata); Ana María Cid (Doña Basilisa); Alicia Martínez Valenzuela (La mamá); Rosa María Gutiérrez y Paloma Curros (Niñas 1ª y 2ª); Román Fernández-Cañadas (Un miliciano); Matthew L. Crawford (Un torero); Thais Martín (Una maja); Juan Viadas (Un jornalero/Padrino); Encarna Piedrabuena (La mujer del jornalero/Madrina); Iván Luis (El hijo del jornalero); Virginia Flores (La aguadora); Gustavo Beruete, Daniel Huerta y José R. Sánchez (Dependientes 1º, 2º y 3º); Sonia Castilla (La naranjera); Beltrán Iraburu (El liberal); Roberto da Silva (Un cura/El guitarrista); Luigi (El liberal); Nacho Castro (El aguador/Un hombre); Ballet del Teatro de la Zarzuela; Rondalla; Coro del Teatro de la Zarzuela (Antonio Fauró, Director del Coro); Orquesta de la Comunidad de Madrid; Jon Berrondo (Escenógrafo); María Luisa Engel (Figurinista); Florencio Campo (Coreógrafo); Juan Gómez Cornejo (A.A.I.) (Iluminador); Luis Olmos (Director de escena); Miquel Ortega (Director musical)

Edición crítica de la partitura y el libro a cargo de Miguel Roa (Ediciones y Publicaciones Autor SRL, 2005)
Revisión dramatúrgica de Luis Olmos (2010)
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela


Doña Francisquita (sinopsis argumental inglesa)
Doña Francisquita (crítica reposición 2004)
Amadeo Vives (página biográfica inglesa)
portada de zarzuela.net

29/III/2010