Homenaje a
Joaquín Valverde Durán
en el centenario de su muerte


El candidato
G. L. Conde - E. Prats


El novio de su señora
G. Perrín - M. de Palacios


La baraja francesa
S. Delgado


La manía de Tomás
M. Codorniú

Ópera Cómica de Madrid

(Madrid, Centro Cultural Nicolás Salmerón, 11 de Marzo de 2010)

Enrique Mejías García

Portada de la edicion para canto y piano de La baraja francesa (Foto: Cortesia UME)
Portada de la edición
para canto y piano de
La baraja francesa
(Foto: Cortesía UME)


Han tenido que pasar cien años para que alguien se atreva a mirar a Joaquín Valverde sin coletillas. Joaquín Valverde fue, y sabemos que será, "Valverde padre", a la sombra de su ínfimo hijo Quinito. En ocasiones fue "el hermano de la Valverde", en referencia a su popularísima hermana, actriz mítica en el Madrid del ochocientos. Finalmente, "y Valverde" es la coletilla que cuelga detrás del apellido de Chueca en las partituras de La Gran Vía, Cádiz o El año pasado por agua, y a pesar de que se ha recordado que no eran una misma persona todavía habrá quien borre sin compasión su apellido de programas de mano y portadas de cedés [debemos señalar la excepción del caso de Deutsche Grammophon, que, en un arrebato de generosidad, le atribuyó parte de la autoría de El bateo editado en cedé junto a La Gran Vía].

Pero para ese superman de la zarzuela llamado Francisco Matilla el nombre de Joaquín Valverde Durán (1846-1910) no podía quedarse en todo eso. Con la excusa del primer centenario de la muerte del músico, las huestes de Ópera Cómica de Madrid desembarcaron de nuevo en el escenario del Nicolás Salmerón para ofrecer, dentro del ciclo de "zarzuelas en el olvido", cuatro auténticas primicias: El candidato, El novio de su señora, La baraja francesa y La manía de Tomás. En su conjunto el concierto resultó una brillante fotografía panorámica de la estética zarzuelística valverdiana, un compositor plenamente imbuído del espíritu chico puesto en moda por sus compañeros de generación aunque con una preparación técnica sólo superada por Bretón o Chapí. Valverde es alumno de Arrieta, primer premio de flauta en 1867 y de composición en 1870; evidentemente esta capacidad se aprecia en el dominio tantas veces audaz que posee de la armonía, así como de sus muy cuidadas orquestaciones (véase la filigrana tan sencilla como genial de la jota de los ratas de La Gran Vía).

De las cuatro obras interpretadas en versión concertada con piano llamaron la atención fragmentos como la canción de Don Cosme de El candidato, el dúo de amor de El novio de su señora o la copla flamenca de La manía de Tomás. Sin embargo, no cabe duda de que la gran triunfadora de la noche fue La baraja francesa, delicioso sainete lírico cuya génesis se encuentra en la misma apuesta de títulos exquisitos que propició la escritura de El chaleco blanco de Chueca o Las doce y media y sereno de Chapí. El conjunto de sus números resulta un casticísimo fresco del Madrid de 1890, con sus corralas, chulos y chulas y una intrigante baraja de póquer como prueba del delito atroz de "pegarse el lote" en un portal. Si el libreto de Sinesio Delgado es, posiblemente, una de sus más felices creaciones, la partitura de Valverde es junto a la de La Gran Vía y Al agua patos del maestro Rubio, una de las joyas de la corona de todas las estrenadas en el memorable Teatro Felipe del Paseo del Prado. Unos couplets para el portero, un terceto cómico con marcha militar, una pantomima desarrolladísima instrumentalmente y una habanera de las que marcaron época, son las bazas a jugar por una baraja que bien mereciera su recuperación escénica.

Carolina Moncada caracterizada como O en La gallina ciega (Foto: Opera Comica de Madrid)Sobre la realización artística de estos cuatro títulos no nos demoraremos en demasía ya que, como siempre, Ópera Cómica de Madrid no nos defraudó y superó la excelencia con el caso de su inimitable primera tiple, la simpatiquísima Carolina Moncada que, además, canta como los ángeles. Igual de impecables cantando y cada día más queridos por el público son el primer cómico, Gerardo Bullón y el tenor Alejandro González. El resto del reparto lo completaron unos perfectamente cumplidores Anna Tonna, Gloria Mil, Javier González y David Sánchez. El acompañamiento al piano corrió a cargo de Sebastián Mariné quien, con su maestría y veteranía, superó sin ningún problema los jeroglíficos musicales de las arcaicas partes de apuntar de los cuatro títulos.

© Enrique Mejías García 2010


Joaquín Valverde Durán (página biográfica inglesa)
portada de zarzuela.net

10/IV/2010