Jugar con fuego (Teatro de la Zarzuela) c. Elena del Real

Jugar con fuego
Música: Francisco Asenjo Barbieri
Libreto: Marina Bollaín (a partir de Ventura de la Vega)
(Teatro de la Zarzuela, Madrid, 27 de marzo de 2026)


una crítica de Miccone


El qué y el cómo

Hacía más de un cuarto de siglo –se dice pronto– que Jugar con fuego no se representaba en el Teatro de la Zarzuela. Sin duda alguna, se trataba de uno de los ‘platos fuertes’ de la temporada, aunque esta vez nos hayamos quedado con bastante hambre.

En las últimas semanas, su directora de escena, Marina Bollaín, ha ofrecido diversas entrevistas en las que reflexiona sobre la ‘vigencia’ de lo que nos cuenta Jugar con fuego. Para ella, parece claro, el qué es mucho más importante que el cómo, lo que la ha llevado a sustituir completamente el texto original de Ventura de la Vega por otro de creación propia, ambientado en un estadio de fútbol de 2026.

Ruth Iniesta and Alejandro del Cerro 'Jugar con fuego' (Teatro de la Zarzuela) c. Elena del Real

El resultado, por desgracia, se revela superficial desde el punto de vista dramático. La Duquesa queda reducida a una figura caprichosa y voluble, muy lejos de la complejidad del original, donde su condición de viuda –y, por tanto, de mujer rica y socialmente autónoma– resulta esencial para entender el alcance de su juego con el Marqués de Caravaca, con su padre y con Félix. Tampoco ayuda la eliminación de la filiación nobiliaria de Félix y Antonio, que en el libreto de Ventura de la Vega permite comprender su posición ambigua dentro del sistema social y, en consecuencia, el interés del Marqués por favorecer su ascenso. Aquí, desprovistos de ese contexto, sus acciones pierden sentido y el entramado dramático se diluye en una suerte de sitcom cursi de sobremesa.

Alejandro del Cerro 'Jugar con fuego' (Teatro de la Zarzuela) c. Elena del Real Lo que en el plano de la idea funciona como una equivalencia –me atrevería a decir incluso ‘simpática’, si no aborreciese el fútbol y todo lo que representa en nuestra sociedad–, en el plano dramático se revela como una simplificación. Porque Jugar con fuego no es un sainete: no se articula como un fresco social, sino como una delicada maquinaria de relaciones en la que el sentido emerge del lenguaje, de la ambigüedad y del juego de identidades.

La corte no es solo un espacio de poder: es un entramado de códigos, de distancias y de convenciones que hacen posible precisamente ese juego de equívocos. El estadio, en cambio, funciona de otra manera: todo se expone, todo se reconoce al instante, sin filtros ni mediaciones. Y ahí es donde la propuesta empieza a hacer agua. Porque no se trata solo de trasladar la acción de un sitio a otro, sino de entender qué tipo de relaciones permite cada espacio. Aquí no hay traducción posible: lo que hay, directamente, es sustitución. Allí donde Ventura de la Vega construye una dramaturgia basada en lo implícito, en el equívoco y en la inteligencia del espectador, la escena contemporánea opta por la explicitud, la identificación directa y la reducción de los conflictos a esquemas reconocibles. Se llega a suprimir toda idea de manicomio o de los ‘locos’ en el tercer acto (convertidos aquí en siniestros hooligans), uno de los hallazgos más singulares del original; así que el resultado no es una actualización, sino un empobrecimiento de las capas de lectura que hacen de Jugar con fuego algo más que una simple intriga amorosa.

Jugar con fuego (Teatro de la Zarzuela) c. Elena del Real

Barbieri insumergible

Afortunadamente, no todo se hunde en esta lectura en clave de sainete de una de las zarzuelas más sofisticadas del repertorio romántico. Porque si algo demuestra esta nueva Jugar con fuego es que la música de Barbieri posee una resistencia poco común frente a cualquier intento de simplificación escénica.

La concertación de los conjuntos –tan característica, tan original en su construcción dramática– funcionó de manera admirable gracias a la batuta de Álvaro Albiach, con un pulso teatral que parecía discurrir, en no pocos momentos, al margen de lo que sucedía en escena. Allí donde la propuesta escénica opta por la literalidad, la partitura sigue desplegando ese juego de tensiones, equívocos y superposiciones que constituye uno de los grandes hallazgos de la obra, sobre todo durante el sensacional segundo acto.

Ruth Iniesta and Jose Antonio Lopez 'Jugar con fuego' (Teatro de la Zarzuela) c. Elena del Real También en el apartado vocal la función alcanzó un nivel más que notable. Ruth Iniesta compuso una Duquesa de gran solidez musical, capaz de sostener con inteligencia una escritura vocal exigente y llena de matices, mientras que Alejandro del Cerro ofreció un Félix de línea cuidada y expresión sincera, muy adecuado al carácter del personaje. ¡Bravo por ambos! Menos convincentes, en cambio, resultaron el Marqués y el Duque de José Antonio López y David Lagares, faltos de la vis cómica necesaria para que sus intervenciones alcancen todo su potencial teatral. Desde luego que, en este caso, se trató de una castración impuesta por la dirección de escena.

Más allá de nombres concretos, lo verdaderamente llamativo es comprobar hasta qué punto la música de Barbieri sigue sosteniendo –y sosteniendo bien– aquello que la escena, sencillamente, no alcanza a construir. Porque en Jugar con fuego el conflicto no se agota en la anécdota, sino que se eleva a través del lenguaje musical y verbal a una dimensión mucho más compleja: donde la afirmación del deseo acaba adquiriendo un peso que va mucho más allá de la pura anécdota.

Y así, se diría que esta música –milagrosa, si pensamos que Barbieri apenas había cumplido los treinta años cuando la compuso– termina por emanciparse de la escena pergeñada por Bollaín, como si reclamara su propia lógica frente a un dispositivo que la constriñe. No es difícil imaginarla pronunciando, con la misma rotundidad que la Duquesa de Medina en el original de Ventura de la Vega, aquellas palabras que aquí han quedado borradas, sin cuerpo escénico:

‘Sois mi padre,
pero, aunque respeto os deba,
no mandáis en mí. Soy viuda,
soy libre. Si tal violencia
consumáis, al lado suyo,
por donde Madrid me vea,
saldré con él…’

Así pues, salí del Teatro de la Zarzuela feliz por haber escuchado de nuevo una partitura soberbia, pero triste por constatar que, cuando el qué se impone al cómo, lo que se pierde no es solo el estilo, sino el propio sentido de la obra. No siempre basta con invocar una supuesta modernidad para estar a la altura de una obra y desde luego que no sirve de nada deconstruir si en su lugar lo que construyes es, sencillamente, un buñuelo de aire.


Jugar con fuego (Teatro de la Zarzuela) c. Elena del Real

Un juego caro

Antes de volverme al Palacio Ducal de Venecia, conviene abrir un último frente que no es menor: el económico. Porque, más allá de las legítimas diferencias estéticas, cabe preguntarse también qué tipo de propuestas se están financiando con dinero público. Sobre todo en un contexto de recortes y lamentos –en Madrid como en tantas otras plazas, ya sea Londres o Viena–, donde cada inversión cultural debería invitar, al menos, a una reflexión sobre su sentido y su alcance.

Según los datos disponibles en el Portal de Transparencia de la Administración General del Estado, la producción de este Jugar con fuego ha implicado una inversión considerable en distintos apartados escénicos. Solo la escenografía alcanza la nada desdeñable cifra de 142.900 €, a los que se suman 12.000 € en vestuario de nueva creación y otros 59.000 € en alquiler de vestuario. La iluminación asciende a 13.000 €, mientras que las proyecciones de vídeo –a cargo de Félix Bollaín– y sus derechos de reproducción suponen otros 8.000 €.

Son cifras que, consideradas aisladamente, pueden entrar dentro de los estándares (disparatados) de una producción de estas características. Pero adquieren otro significado cuando se ponen en relación con el resultado artístico. Porque aquí la pregunta ya no es cuánto cuesta hacer teatro, sino qué tipo de teatro se decide hacer con ese dinero.

© Miccone y zarzuela.net, 2026


Reparto: La Duquesa de Medina – Ruth Iniesta; Félix – Alejandro del Cerro; El Marqués de Caravaca – José Antonio López; El Duque – David Lagares; Antonio – Manuel de Diego; Un loco – Javier Povedano. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid; Antonio Fauró (dir. coro); Marina Bollaín (dir. esc.); Blanca Añón (escenografía); Teresa Mora (vestuario); Marc Gonzalo (iluminación); Félix Bollaín (vídeo); Álvaro Albiach (dir. mus.) Jugar con fuego (Teatro de la Zarzuela) 2026

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Jugar con fuego (English synopsis)
Francisco Asenjo Barbieri (English biography)
portada - zarzuela.net

30/III/2026