Rosas
revivificadas

La del manojo de rosas

Teatro de la Zarzuela

(Madrid, 12 y 26 de septiembre de 2004)

La del manojo de rosas (Teatro de la Zarzuela)

Ignacio Jassa Haro

Abre el Teatro de la Zarzuela su nueva temporada más temprano de lo habitual lo que es una excelente noticia puesto que permite que ésta dure un mes más. Y lo hace con la que será única reposición del curso: la mítica producción de La del manojo de rosas de 1990 dirigida por Emilio Sagi. Se trata de uno de estos montajes por los que no pasan los años y que siempre serán bienvenidos. Todo se ha dicho ya del mismo puesto que se ha visto en innumerables ocasiones. Constataremos básicamente aquí el efecto que nos han causado los elencos del momento aunque no podremos evitar hacer algún comentario aislado sobre la puesta en escena.

El primero de los dos repartos (primero por ser el del estreno pero no por otra razón ya que ambos se dividieron a partes iguales el mes largo de funciones) lo encabezaban Milagros Martín y Marco Moncloa como pareja seria y Paloma Curros y Rafa Castejón en los roles cómicos. Milagros Martín hizo una Ascensión perfecta; su gran presencia escénica y su eficacia canora hubieran bastado por sí mismos para que la obra funcionara. No estuvo a su altura Moncloa encarnando un Joaquín desigual ya que si bien mostró gran naturalidad actuando no estuvo afortunado en la parte vocal. Impecable labor escénica la de los cómicos que también cantaron bien aunque sin demasiada voz. Curros dibujó una manicura coqueta, loca y muy, muy moderna (de los modernos años 30, se entiende). Rafa Castejón por su parte se metió de lleno en la piel de su personaje (en este caso Capó) tal y como nos tiene acostumbrados en todas sus intervenciones en este teatro.

En el segundo conjunto Beatriz Lanza y Carlos Bergasa tuvieron su contrapunto en el tándem formado por Mar Abascal y Javier Ferrer. Lanza y Bergasa conformaron una pareja protagonista muy equilibrada; elegante y mesurada ella, sereno y con arrojo él; deliciosamente tímidos ambos. Cantaron de manera colosal el dúo "¿Que está esto muy bajo?", punto culminante del segundo acto. Los cómicos mostraron una gran soltura actuando. La contenida Clarita de Mar Abascal fue mucho más confidente de Ascensión que reivindicativa feminista. Javier Ferrer dio a su vez una lectura de Capó sosegada aunque no por ella desprovista de comicidad.

En cuanto a los tres intérpretes principales comunes a ambos repartos todo deben ser elogios hacia ellos. Luis Álvarez encarnó con gran estilo a Don Daniel (papel que estrenara en esta producción el recientemente desaparecido Tomás Álvarez a quien el teatro dedica estas representaciones). Mario Rodrigo hizo un Ricardo muy humano y muy bien cantado. Y nos da pudor descubrir a Luis Varela a estas alturas, a pesar de lo cual ¡¡es inevitable destacar su inverecunda, traumatúrgica e inflaovoide vis cómica!! como diría Espasa.

En el foso vimos a una Orquesta de la Comunidad de Madrid en bastante sintonía con la popular partitura de Sorozábal con independencia de que fueran Roa o Remartínez quienes empuñaran la batuta. El Coro del Teatro de la Zarzuela se mostró por su parte sumamente eficaz. En cuanto al conjunto de actores-bailarines, hay que decir que resultó muy aplaudido su excelente trabajo.

El montaje de Sagi es de una gran belleza plástica: la conjugación de una escenografía hiperrealista, una elegante coreografía, un estilizado vestuario y una espectacular iluminación da un producto perfecto en lo visual. Se quiebra sin embargo esa redondez en lo escénico debido a una decisión del regista. Sagi hace que el cuadro segundo (en el acto primero) transcurra en un mismo espacio con lo que alarga excesivamente esa parte de la obra haciéndola monótona al no haber ningún cambio de decorado. Además, esta decisión nos priva de un efecto teatral muy logrado, muestra de la valía dramática de Sorozábal: el hecho de que la romanza de Ascensión sea interpretada a caballo de los cuadros segundo y tercero, produciéndose durante la interpretación de la misma la mutación escénica. Por otro lado el recorte de los diálogos (imprescindible para que el cuadro segundo se pueda desarrollar en la floristería en lugar de en la casa de Joaquín) hace menos inteligible la historia no quedando suficientemente explicitada la doble vida que lleva Joaquín.

Pero al margen de estas consideraciones sobre la dramaturgia concluimos destacando que nos dejan de nuevo un buen sabor de boca las reposiciones del Teatro de la Zarzuela, lo que tiene su explicación en la doble circunstancia de partir de un trabajo previo bueno y de retomarlo cuidándolo como si del estreno se tratase.

© Ignacio Jassa Haro, 2004


Reparto: Milagros Martín (Ascensión, 12/9); Marco Moncloa (Joaquín, 12/9); Paloma Curros (Clarita, 12/9); Rafa Castejón (Capó, 12/9); Beatriz Lanza (Ascensión, 26/9); Carlos Bergasa (Joaquín, 26/9); Mar Abascal (Clarita, 26/9); Javier Ferrer (Capó, 26/9); Mario Rodríguez (Ricardo); Luis Varela (Espasa); Luis Álvarez (Don Daniel); Concha Leza (Doña Mariana); Mario Martín (Don Pedro Botero); Orquesta de la Comunidad de Madrid; Coro del Teatro de la Zarzuela; Cuerpo de actores-bailarines del Teatro de la Zarzuela; Miguel Roa (Director musical, 12/9); Luis Remartínez (Director musical, 26/9); Emilio Sagi (Director de escena); Gerardo Trotti (Escenógrafo); Alfonso Barajas (Figurinista); Goyo Montero (Coreógrafo); Eduardo Bravo (Iluminador)

Producción del Teatro de la Zarzuela (1990). Representaciones dedicadas a la memoria del barítono Tomás Álvarez


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