Pepita Jimenez (Teatro de la Zarzuela 2025) c. Elena del Real

Pepita Jiménez
Música: Isaac Albéniz
Libreto: Francis Burdett Money-Coutts,
basado en la novela de Juan Valera

Versión del libreto y de la música (1964) de Pablo Sorozábal

Teatro de la Zarzuela
(Madrid, 1 de octubre de 2025)


una crítica de Miccone


En 1919, respondiendo a su pregunta ‘Why Some Operas are Rarely Given’, escribía el crítico americano Gustav Kobbé en The Complete Opera Book: ‘audiences of today simply will not stand for spoken dialogue in grand opera’. Parece mentira que, más de un siglo después, el Teatro de la Zarzuela prosiga con esta disparatada manera de enfocar sus temporadas y que la primera stagione íntegramente diseñada por Isamay Benavente parezca un epílogo de las firmadas por Daniel Bianco. Este ‘Teatro de la Gran Ópera Española’, sito en la calle de Jovellanos, presenta cuatro producciones operísticas de un total de seis, a saber: Pepita Jiménez, La Edad de Plata (programa doble de Goyescas y El retablo de maese Pedro), El gitano por amor de Manuel García y un nuevo Gato Montés (¡!) a cargo de Christof Loy. La recuperación escénica de El Potosí Submarino de Arrieta y el nuevo Jugar con fuego serán las únicas zarzuelas del cartel; solitarias flores en medio de un páramo dramático.

Pepita Jimenez (Teatro de la Zarzuela 2025) c. Elena del RealPero asumiendo la realidad y entrando en el juego de este remedo de coliseo operístico que continúa ‘haciendo los deberes’ al Teatro Real, debo reconocer que la idea de ver en escena la versión que Pablo Sorozábal realizase en 1964 de Pepita Jiménez de Albéniz me parecía seductora. Por desgracia, el director de escena Giancarlo del Monaco se ha encargado de frustrar mis expectativas, presentando uno de los espectáculos más anti-teatrales y ordinarios de cuantos he ‘disfrutado’ en Madrid y que casi me hace recordar con nostalgia su lectura de Las golondrinas. Por encima de los vociferados ‘¡bravos!’ de la claque (lamentablemente habitual en los estrenos de la Zarzuela), los abucheos se impusieron en los saludos y fueron respondidos por el regisseur llevándose las manos detrás de las orejas con un gesto que parecía decir: ‘¡No los escucho bien! ¡Más fuerte!’.

Porque lo que anoche se vio en la Zarzuela no fue exactamente la versión de Pablo Sorozábal, en castellano, con final trágico y que Mario Lerena ha estudiado con exquisita profundidad en sus notas al programa (un artículo que hay que leer). Anoche se asistió a una escabechina, recortando con pasmosa prepotencia la ópera por aquí y por allá, frustrando su dramaturgia y reduciéndola a su mínima expresión –75 minutos–. El resultado no funciona, no puede funcionar; pero es que, además, del Monaco fuerza todo el material para amoldarlo a ‘su’ visión de Pepita Jiménez que, por supuesto, es una mujer añosa, frustrada sexualmente, de impulsos descontrolados y a la que el Vicario intenta practicar un exorcismo.

Nos encontramos con todos los clichés previsibles de esta forma anticuada de hacer ópera en tanto que suma deshilachada de ‘momentos visuales’: un seminarista que se masturba; su padre, que maltrata sádicamente a Antoñona; una muerte por amor, alla Isolde; mucha tela que cuelga y que cae; un coro que sale en el segundo acto y que, aunque no vuelve a cantar, se queda en escena mirando hasta el final… y la imprescindible plataforma giratoria con una estructura industrial de andamios y escaleras que no deja de girar, chirriando y molestando. Con estos mimbres el naufragio resultaba inevitable y más para quienes, como yo, aún tenemos grabada en nuestra retina la sensacional y emocionante Pepita Jiménez de Calixto Bieito presentada en 2013 en los Teatros del Canal.

Con todo, la batuta de Guillermo García Calvo se aplicó como pudo extrayendo las bellezas de esta partitura que dice tanto como calla, aunque la hipnótica música del segundo acto quedó reducida a su mínima expresión, suprimiendo incluso la intervención del coro infantil. La soprano Ángeles Blancas hizo lo que pudo como actriz con un papel que, a día de hoy, le supera vocalmente. Por suerte, el tenor Antoni Lliteres –sustituyendo al previsto Leonardo Caimi– ofreció una pulida lectura de su parte, aunque la romanza insertada por Sorozábal en el tercer acto le puso en más de un aprieto. Artísticamente, lo mejor de la velada fue ofrecido por Ana Ibarra, que obtuvo como Antoñona los aplausos más sinceros en una noche que, como está visto, justifica la boutade de Pierre Boulez: ‘¡Hay que quemar los teatros de ópera!’.

Pepita Jimenez (Teatro de la Zarzuela 2025) c. Elena del Real

De mala ópera, concretamente, como uno puede permitirse el lujo cuando se juega con el presupuesto público. Ojo al dato: según el Portal de Transparencia de la Administración General del Estado (escriban ‘Pepita’ en el buscador por texto), la gracia de esta dirección de escena les ha costado a los españoles 50.000 euros.

¡Me vuelvo a Venecia!

© Miccone y zarzuela.net, 2025


Reparto: Pepita Jiménez – Ángeles Blancas; Luis de Vargas – Antoni Lliteres; Antoñona – Ana Ibarra; Pedro de Vargas – Rodrigo Esteves; Vicario – Rubén Amoretti; Conde de Genazahar – Pablo López; Primer oficial – Josep Fadó; Segundo oficial – Iago García Rojas; Orquesta de la Comunidad de Madrid; Coro del Teatro de la Zarzuela (Antonio Fauró, dir.); Giancarlo del Monaco (dir. esc.); Daniel Bianco (escenografía); Jesús Ruiz (vestuario); Albert Faurá (iluminación); Guillermo García Calvo (dir. mus.)

Producción del Teatro de la Zarzuela, 2025

Pepita Gimenez (poster)


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Pablo Sorozábal (English)
portada - zarzuela.net

4/X/2025