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El trovador Rehabilitando a García Gutiérrez Pocas veces una obra maestra ha tenido la ‘mala fortuna’ de convertirse, para la posteridad, en el origen de otra obra maestra. Pero tampoco es frecuente que un espectáculo consiga que el espectador salga del teatro con ganas de leer. Sin embargo, esa es quizá la mayor virtud de la recuperación de El trovador presentada por Ensamble Bufo en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa: lejos de invitar a volver sobre Il trovatore, despierta el deseo de volver a Antonio García Gutiérrez y, desde él, a un patrimonio escénico totalmente olvidado. Este proyecto nace como resultado de una investigación desarrollada en la Universidad de Alcalá bajo la dirección de Marina Barba Dávalos, cuyo objetivo ha sido recuperar El trovador con la música original que acompañó su estreno en el Teatro del Príncipe de Madrid, el 1 de marzo de 1836. La propuesta se inscribe, además, en una línea de investigación que la autora viene desarrollando desde su tesis doctoral sobre la función de la música en el drama romántico español, demostrando que aquellas partituras no constituían un mero adorno escénico, sino un elemento esencial de la dramaturgia.
Ensamble Bufo hace honor a su nombre. Incluso en un drama tan sombrío se percibe una manera de entender el ritmo escénico, el movimiento colectivo y la dicción que procede claramente del teatro musical. Incluso contamos con un prólogo y un interludio (suficientemente breves) que nos introducen en un salón romántico donde se interpreta El trovador como una de esas antañones funciones caseras. Sonó incluso una simpática adaptación del ‘Coro de la murmuración’ de El dúo de la Africana y terminamos con un brindis a la memoria de García Gutiérrez con los valses de La Gran Vía y La traviata pertinentemente adaptados.
En este punto hay que dedicar dos palabras a la música de El trovador. Estudiada desde hace años por Marina Barba o Víctor Sánchez, fue verdaderamente hermoso escuchar estas melodías anónimas que tanto se difundieron en su momento y que se imbrican tan sumamente bien con la trama y la estética gótica del drama. Las dos intervenciones musicales del trovador y la canción de la gitana nos hacen pensar en el Bellini más spianato de La straniera o de I Capuleti e i Montecchi, aunque en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa se ha contado con un piano y un violonchelo para resolver el acompañamiento instrumental. Cuando esta producción se estrenó en marzo de este año en el Salón Cervantes de Alcalá de Henares leo que se contó con la Orquesta Ciudad de Alcalá, de la que desafortunadamente se ha prescindido en Madrid. Tampoco comprendo la obsesión por la microfonía. ¿Era necesaria la amplificación cuando no se contaba con orquesta? No lo creo, pero esta es una batalla perdida hoy en día, donde los decibelios parecen mandar más que la naturalidad (¡y la musicalidad!) de la palabra hablada y escuchada sin intermediación tecnológica.
Al salir del teatro, mientras paseaba por Recoletos y un país entero se paralizaba ante el partido de la selección española de fútbol, no podía dejar de pensar en la suerte que tenía por haber podido asistir a una función que rezumaba tanto amor por el repertorio olvidado, pero también por el teatro vivo. Ojalá que no tardemos en ver sobre las tablas más títulos de este repertorio romántico que en sus contrastes y su violencia dramática puede funcionar bien para el público actual, aburrido del teatro unidireccional y de propuestas prosaicas. Y de García Gutiérrez sueño con que algún día alguien se decida a recuperar sus espléndidas zarzuelas con música de Arrieta, como Azón Visconti, La tabernera de Londres o El capitán negrero. ¡Aunque ahora creo que el romántico soy yo! © Enrique Mejías García y zarzuela.net, 2026
13/VII/2026 |