Joaquin Gaztambide

Una vieja
(Camprodón
y Gaztambide)

Gigantes y cabezudos
(Echegaray
y Caballero)

Compañía Lírica y Orquesta Martín i Soler
Teatro de Madrid, 10 de octubre de 2009

Ignacio Jassa Haro


Un Gaztambide en el repertorio

Las fiestas del barrio del Pilar son con casi total probabilidad las más importantes celebraciones de distrito de toda la ciudad de Madrid. La populosa aglomeración vecinal del norte de la capital pivota alrededor de un espacioso corazón de enorme vitalidad ciudadana: el centro comercial "La Vaguada" y sus instalaciones culturales, deportivas y administrativas anexas. En este entorno se monta cada otoño la verbena popular más voluminosa del Madrid moderno. Y en este contexto festivo es donde el Teatro de Madrid -flamante instalación inaugurada con motivo de la capitalidad europea de la cultura de 1992 y dedicado desde entonces de forma preponderante a la danza- inserta su programación teatral como parte intrínseca de estas fiestas patronales.

Vienen estos prolegómenos a cuento de que durante la presente edición de las fiestas de la Virgen del Pilar se ha celebrado una temporada de zarzuela a cargo de la Compañía Lírica y Orquesta Martín i Soler, en la que, junto a dos obras de repertorio (La del manojo de rosas de Sorozábal y Gigantes y cabezudos de Caballero), llamó nuestra atención la presencia como compañera de la obra chica de un precioso título, desconocido hoy para casi todos los aficionados: Una vieja (1860) zarzuela en un acto con música de Joaquín Gaztambide.

La regocijante obra se limita argumentalmente a un enredo amoroso de identidades confundidas con feliz resolución. Está trufada de números musicales a caballo entre la convención operística y la suite de danzas (donde se explora ya el universo sonoro americano). Tuvo gran éxito desde su estreno y permaneció en el repertorio durante el último tercio del siglo XIX debido a su brevedad, a la pequeñez de su reparto y a lo apta que resultaba para el lucimiento de sus intérpretes. Continuó programándose en la época del género chico (donde, por duración, se acoplaba como un guante a las sesiones por horas) e incluso bien entrado el siglo XX cuando renacieron las formas grandes en la zarzuela, aunque desde después de la guerra permanecía en el olvido.

La Martín i Soler es un conjunto modesto de los muchos que realizan un notable esfuerzo por difundir el teatro lírico español en el circuito teatral de localidades de pequeño y mediano tamaño, algo que siempre recibirá nuestro reconocimiento. Ya conocíamos con anterioridad dos producciones suyas de género chico representadas en teatros del área madrileña (una bien abordada Música clásica de Chapí y un acertado estéticamente Barbero de Sevilla de Giménez y Nieto) pero nunca les habíamos visto enfrentándose a una obra de mayores requerimientos como la heroica Gigantes y cabezudos. La verdad sea dicha, este ambicioso título se les queda grande: Desde una pobrísima escenografía (no exenta del empleo de algunos imaginativos elementos de atrezo) hasta un convencionalísimo trabajo escénico (consecuencia más del pobre concepto del espectáculo que de la escasez de ensayos, que son tónica general en este tipo de compañías) esta "producción" hizo poca justicia a la "grandeza" de ese icono del género chico.

Un digno reparto (encabezado por María de Félix como una discreta en lo vocal y más lograda en lo teatral Pilar y un competente Alberto Herranz como Jesús) da vida, a pesar de las carencias estructurales señaladas, a la feliz obra de Echegaray y Caballero. El coro, el cuerpo de baile y los demás miembros del reparto actuaron con profesionalidad aunque con las dosis de sobreactuación que esta precariedad artística inevitablemente tiende a provocar. Un experimentado foso demostró cómo los bolos son, a priori, un mal consejero de una buena interpretación: los profesores apenas miraban la batuta de Salvador Requena de tan sabida como se tenían la partitura de esta popularísima zarzuela. A pesar de todo, el arrebato lírico y la exaltación patria de Caballero, a los que todos los intérpretes sirvieron con sinceridad, nos hicieron vibrar en nuestros asientos.

Otra cosa muy distinta fue la zarzuelita de Gaztambide. Su puesta en escena, aunque tampoco fuera un prodigio de creatividad, tuvo al menos una plasmación digna, recreándose con decoro el interior doméstico en el que transcurre la acción. La dirección de actores fue más bien escasa y pese a las buenas intenciones de Nacho Muñoz en el rol hablado de Pancho, un criado mexicano, echamos de menos el destello de un actor de carisma que nos acercara a lo que pudo suponer la presencia de Francisco Arderius sobre el escenario de la Zarzuela. El buen hacer musical del terceto de solistas vocales y sobre todo la gracia del texto de Camprodón y la irresistible inspiración de la partitura de Gaztambide lograron que el montaje funcionara.

La protagonista (la vieja del título, más tarde rejuvenecida) tuvo en Marta Toba una talentosa encarnadora: Supo conjugar con acierto los dos registros vocales correspondientes a las edades de su rol de doble personalidad, a pesar de que eso impidió disfrutar plenamente de su bello color vocal en la parte más añosa. Tuvo además la necesaria picardía para mantener la intriga del argumento a lo largo de toda la función. El tenor Alberto Herranz exhibió, por su parte, buen gusto en el fraseo y justo poderío vocal en sus partes, dotando de adecuada gallardía al galán de la obra. El León de Miguel Ángel Viñué no por más discreto fue menos meritorio, destacando especialmente en el dúo dramático por seguidillas que cantó con Herranz. El foso estuvo en esta ocasión mucho más atento a las indicaciones del director musical, logrando una lectura llena de brío, luciéndose, incluso, durante algunos pasajes de la obertura.

Es realmente digno de encomio comprobar cómo una empresa de la escala de la Compañía Lírica y Orquesta Martín i Soler ha tenido la sensibilidad de rescatar este delicioso título de los archivos para incorporarlo plenamente al repertorio, puesto que viene programándolo con regularidad desde hace varios años. Creemos que el camino de compañías pequeñas como ésta es precisamente saber medir su fuerzas y enfrentarse a títulos que puedan abordar con dignidad: la escala de una obra no supone un demérito artístico, como la pequeña obra maestra de Gaztambide elocuentemente nos demuestra.

© Ignacio Jassa Haro 2009


Una vieja. Zarzuela en un acto. Libreto de Francisco Camprodón. Música de Joaquín Gaztambide. Gigantes y cabezudos. Zarzuela cómica en un acto. Libro de Miguel Echegaray. Música de Manuel Fernández Caballero.
Madrid, Teatro de Madrid, 10 de octubre de 2009

Reparto. Una vieja: Mata Toba (Vieja/Adela); Alberto Herranz (Conrado); Miguel Ángel Viñé (León); Nacho Muñoz (Pancho). Gigantes y cabezudos: María de Félix (Pilar); Carmen Dólera (Antonia); Carmen Terán (Juana); Alberto Herranz (Jesús); Vicente Vergara (Timoteo); Miguel Ángel Viñé (Tío Isidro); Nacho Muñoz (Sargento); Ángel Walter (Pascual); Coro, orquesta y cuerpo de baile; Lola Plaza (dir. escena); Salvador Requena (dir. musical)
Producciones de la Compañía Lírica y Orquesta Martín i Soler



Joaquín Gaztambide - página biográfica inglesa
Manuel Fernández Caballero - página biográfica inglesa
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7/XI/2009