Verano de
Zarzuela
Madrid
2005

verano de zarzuela
Chueca programa doble
Las Leandras

Ignacio Jassa Haro

Noches liraicas de Sabatini, travesias 2005

Un verano de zarzuela en Madrid

El verano madrileño se ha mostrado pródigo en lo que a programación de zarzuela se refiere. Tres temporadas zarzuelísticas vacacionales a más de dos espectáculos integrados en la temporada de dos grandes teatros configuran una nada desdeñable oferta de ocho producciones, dos de ellas dobles. A eso hay que añadir varios espectáculos de tipo antológico celebrados al aire libre aprovechando la bondad de noche madrileña durante la estación estival.

La eterna cancion - Teatro Espanol 2005

Zarzuela en los grandes teatros

El Teatro de la Zarzuela cerró como ya es costumbre su temporada bien entrado el mes de julio. La parranda de Francisco Alonso, ya comentada en estas páginas, fue un perfecto prólogo a la temporada estival de zarzuela. El Teatro Español por su parte, repuso la producción de La eterna canción de Pablo Sorozábal repitiendo el éxito logrado en su estreno el año pasado.

Tres temporadas estivales

La Compañía Lírica Española de Antonio Amengual visitó este año el Teatro de Madrid, junto al Centro Comercial La Vaguada. En el cartel un título destacaba por su interés y rareza: La linda tapada de Francisco Alonso; pudimos verlo en una lectura tradicional pero cuidada. Completaban la temporada La canción del olvido de José Serrano en una algo anticuada puesta en escena y un programa doble con Gigantes y cabezudos de Manuel Fernández Caballero y un Homenaje al Género Chico del que no pudimos ser testigos.

El Teatro Calderón fue protagonista de una singular aventura lírica: la de Proyecto Verdi que programó una temporada con cuatro títulos, algunos de ellos infrecuentes, aunque finalmente solamente dos pudieron subir al escenario. Los dos títulos representados fueron La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal en una esmerada producción estrenada en el Teatro Campoamor de Oviedo en 1999 y Las Leandras de Francisco Alonso en una nueva producción estrenada para la ocasión. Ambas obras contaron con excelentes repartos tanto en lo vocal como en lo escénico además de con unos buenos conjuntos orquestal y coral. Es una pena que no se pudiera completar la temporada, donde también se habían anunciado Marina de Emilio Arrieta y La calesera de Francisco Alonso; la prudencia tendría que haber llevado a esta inquieta compañía a no anunciar aquello de lo que estaban seguros pues no deben frustrarse las expectativas del público.

El Centro Cultural de la Villa fue ocupado este año por Ópera Cómica de Madrid. Sin embargo en contraste con el año pasado donde trajeron cinco montajes a lo largo de un mes, este año sólo estuvieron dos semanas con un único programa doble –en este caso Agua, azucarillos y aguardiente/El bateo de Federico Chueca–.

Otros eventos zarzuelísticos veraniegos

Los Jardines de Sabatini, en el Palacio Real, fueron el marco de una serie espectáculos nocturnos bautizados como Traviesas travesías a cargo de la antes aludida compañía Proyecto Verdi. Partiendo de un concepto ya antiguo, el de antología, se supo incorporar a él rasgos novedosos que convirtieron a estas travesuras en algo no visto. En primer lugar la antología no se restringió a la zarzuela sino que abarcó revista española y opereta europea a más de zarzuela grande y género chico, todo ello repartido en cuatro bloques homogéneos. Los números se sucedían sin solución de continuidad y aunque el nexo entre ellos era escaso –su adscripción al género que se abordaba– se creó sin embargo un pequeño hilo argumental que sirvía de excusa para esa sucesión de fragmentos músico-teatrales: un joven rapero madrileño que vive su música con pasión nos enseña la música que otros, antes que él, vivieron con igual fervor en su ciudad.

Una brillante coreografía y una eficaz iluminación hicieron de este espectáculo algo muy atractivo visualmente. Todos los artistas actuaron como solistas y coristas lo que llevó a perder protagonismos y dar un sentido coral al montaje –hasta el punto de que la romanza de Rosa de El rey que rabió fue cantada por cuatro tiples a la vez–. En el debe hay que anotar una inadecuada toma de sonido, cierta precipitación en los ensayos y una reducida orquesta aunque los excelentes arreglos musicales hechos para la ocasión hacían que pasara desapercibida la presencia de tan sólo siete músicos en el foso.

La Plaza de Toros de Las Ventas fue testigo de una Antología de la Zarzuela anunciada como “espectacular”, a cargo de la compañía Miramón Mendi de José Luis Moreno. La misma compañía canceló la temporada de zarzuela que venía celebrándose desde la primavera en el Teatro La Latina.


Opera Comica Chueca

Agua, azucarillos y aguardiente / El bateo; Música: Federico Chueca; Libretos: Miguel Ramos Carrión / Antonio Paso y Antonio Domínguez; Centro Cultural de la Villa, Madrid, 5 y 13 de Agosto de 2005; Nueva Producción de Ópera Cómica de Madrid

La temporada lírica veraniega del Centro Cultural de la Villa se redujo a una sola producción representada a lo largo de dos semanas. Esta aparente parquedad –si se compara con anteriores años donde había al menos un mes de representaciones cuando no los dos meses de verano– es sin embargo compensada con la calidad del espectáculo presentado, un excepcional programa doble con dos obras maestras de Federico Chueca.

El punto de partida en el montaje de ambos sainetes fue común: en lugar de proponer al público la asistencia a una puesta en escena convencional se le invitó a un ensayo de estas piezas teatrales. La diferencia entre ambos ensayos fue la época de ambientación de cada uno; así mientras que para Agua, azucarillos y aguardiente se eligió el estreno absoluto de la obra, para el caso de El bateo se optó por dar una visión de un ensayo actual. En ese sentido se acentuaron aquellos elementos comunes a ambos momentos históricos: una sala de idénticas dimensiones, una serie de personajes comunes (el apuntador, el pianista acompañante, el director de escena), etc.; la propia escenografía realista del montaje y las supuestas técnicas escenográficas empleadas en los ensayos de las ficticias representaciones –teloncillos pintados vs escenografía virtual– se encargaron de marcar los contrastes entre casi 110 años de distancia. De algún modo el montaje de ambas obras buscaba la unidad en la diversidad a la par que la expresividad en el contraste.

En la puesta en escena del primero de los sainetes se recreó un ensayo en el mismísimo Teatro de Apolo allá por el mes de junio de 1897. Desde los detalles escenográficos (una sala de ensayo con su piano de pared, sus elementos de atrezo y su mobiliario auxiliar) hasta el vestuario (los intérpretes ensayan con sus ropas de calle), todo lo que se ve en escena contribuye a dar un exquisito sabor de época. Para el caso de El bateo, la ambientación contemporánea de su ensayo supuso poder ver enfrentado el sainete del siglo XIX –aunque cronológicamente fuera estrenado el primer año del siglo XX– con los usos y costumbres teatrales del siglo XXI, permitiendo comprobar la vigencia de este teatro. Una moderna puesta en escena donde se utilizaban evocadoras proyecciones o una dinámica coreografía y el mantenimiento del escenario desnudo –sempiterno símbolo del ensayo– hicieron especialmente expresiva la intensa historia humana perfilada en esta zarzuela.

La naturaleza especial de este montaje justificó la introducción de algunos cambios en el texto de ambos sainetes. Por un lado se hicieron recortes en los diálogos y por otro lado se incluyeron diálogos extra referidos a las circunstancias de los ensayos. De esta manera se agilizó la sucesión de escenas habladas “a ensayar”, que quedaron separadas por breves diálogos que ayudaban a entender lo que se estaba viendo en escena a la vez que contribuían a contextualizar la puesta en escena en la época de su supuesto ensayo (con especial relevancia para el caso de Agua, azucarillos y aguardiente, mediante referencias a los artistas, sus hábitos, etc.).

Los intérpretes mostraron en general un claro dominio de todos los resortes de este difícil subgénero lírico que en su época contaba con actores y cantantes especializados y para el que hoy, cuando rige el "especializarse o morir", tristemente la única escuela son las tablas. Así pudimos disfrutar de su talento en las partes declamadas y de su arte en la interpretación de los cantables (que a la par que "cantarse" se deben "decir"). Del competente reparto destacaremos a Trinidad Iglesias, que se está convirtiendo en una de las mejores características del momento, genial en sus dos papeles, y a Luis Álvarez, especialmente brillante como Wamba, en El bateo.

En suma, un auténtico lujo de puesta en escena para todos los amantes del género chico, especialmente para aquellos que a más de valorar el texto o la música de estas obras se dejan también seducir por el recuerdo de los intérpretes, teatros, autores y demás elementos que constituyeron la historia viva de este maravilloso espectáculo músico-teatral. Haber podido viajar por unos momentos a un ensayo en Apolo o ver un montaje moderno que llena de esperanzas ante las nuevas posibilidades escénicas del género, son dos experiencias sumamente gratificantes. ¡Gracias a Ópera Cómica de Madrid por hacernos sentir de nuevo el milagro de la gran zarzuela chica!

Reparto: Lola Casariego (Pepa/Visita, 5 de Agosto); Mar Abascal (Pepa/Visita, 13 de Agosto); Thais de la Guerra (Manuela); Rosa Gutiérrez (Asia/Nieves); Trinidad Iglesias (Doña Simona/Valeriana); Luis Álvarez (Lorenzo/Wamba); Javier Ferrer (Vicente); Juan Manuel Cifuentes (Serafín/Virgilio); Javier Ibarz (Don Aquilino/Lolo); Mario Rodrigo (Pamplinas); Coro de Ópera Cómica de Madrid; Orquesta Ensamble Instrumental de Madrid; Mariana Mara (figurines); Pedro Pablo Melendo (iluminación); Belén Bris (coreografía); Francisco Matilla (dirección de escena); Carlos Cuesta (dirección musical)


Las Leandras (Proyecto Verdi)
Las Leandras
Francisco Alonso / Emilio González del Castillo
y José Muñoz Román

Teatro Calderón, Madrid, 6 y 7 de Agosto de 2005
Nueva producción de Proyecto Verdi

Enorme satisfacción y sorpresa produjo el anuncio de la temporada estival de Proyecto Verdi, y más aún la inclusión en ella de dos “Alonsos” inhabituales aunque muy conocidos, Las Leandras y La calesera (aunque finalmente esta última se retiró del cartel), que sumados a La parranda y La linda tapada, hicieron que el verano lírico madrileño tuviera el protagonismo del inspirado compositor granadino.

La célebre revista de 1931 se presentó de manera cuidadísima en lo teatral y en lo musical. Solamente ponemos “peros” a la dirección artística tan importante en este subgénero lírico –iluminación y coreografía correctas, vestuario discreto, escenografía algo pobre– que a la par que la limitación presupuestaria denotó un concepto escénico algo convencional.

Se abordó el montaje de esta difícil obra con gran valentía: sin apenas tocar el texto –se hicieron muy escasos cambios para dar algún toque de actualidad– y conservando los diálogos en su integridad, con una lectura musical ortodoxa, fiel a la orquestación original e incluyendo la partitura casi completa –sólo se suprimió el terceto del divorcio por un problema de disponibilidad de la partitura, ¡edítese ya, por favor!–. Todo ello vino a sumar un conjunto armónico y equilibrado mucho más en línea con la tradición de la zarzuela (algo coherente con el estreno de esta obra) que con la de la revista moderna (en la que se tiende a ubicar esta pieza por el posterior devenir histórico de la misma).

Pero si algo hay que destacar sobremanera es la dirección de actores, a cargo de Carlos Durán, de enorme brillantez, aunque es necesario añadir que esta tarea fue como una lluvia sobre terreno abonado debido al talento de todo el reparto. Un texto como el de Las Leandras tiene una dificultad interpretativa extrema ya que es muy estrecha la franja que separa la interpretación mesurada de la exageración. Todos y cada uno de los actores y cantantes supieron decir y hacer sus papeles con la gracia necesaria –que es mucha– pero sin pasarse y eso es sobre todo mérito de quien los rigió.

La música sonó con mucho gusto. La orquesta se amoldó perfectamente a la escena; el coro cantó con enorme gracia; los cantantes supieron dar el adecuado tono desenfadado a sus cantables; Luis Remartínez acometió la difícil tarea de dotar de un sonido clásico a unos números musicales que el público conoce a través adaptaciones “pop” sin que la música pareciera sin embargo anticuada. Otro logro por tanto en lo musical.

Entre los componentes del reparto cabe destacar las dos Conchas que se repartieron las funciones. Si Gemma Castaño fue una estrella llena de glamour, María José Santos de Dios le sacó al papel su lado más entrañable; ambas cantaron muy bien y sin impostar la voz lo que facilitó la compresión de los archiconocidos cantables. Por su parte la propia Santos de Dios alternó con María Dolores Coll en el papel de Aurora, el otro personaje con cantables importantes, dando ambas adecuado contraste al papel de Concha. Emilio Gavira encarnando un Porras delicioso y José Alberto García haciendo con sabiduría un Leandro lleno de ambiguos celos completan el cuarteto protagonista. En cuanto a las dos parejas de actores cómicos (José Luis Gago-Amparo Madrigal y Carmen Márquez-José Ramón Iglesias) demostraron un auténtico magisterio desempeñando sus roles pueblerinos, los más difíciles del reparto. Manuel Brun, a su papel de Don Francisco sumó el del “viejo del hongo” en una evocación de los tiempos de Apolo que puso los pelos de punta a más de un nostálgico.

Es un auténtico placer poder disfrutar de una obra legendaria como ésta con un conjunto de intérpretes como el aquí reunido. Lamentamos únicamente que los costes de producción y una cierta sumisión a la tradición hayan impedido acometer un proyecto más ambicioso en lo artístico. ¿Cuándo podremos ver el prometido montaje de Sagi en el Teatro de la Zarzuela?

Reparto: Gemma Castaño (Concha, 7 de Agosto); María José Santos de Dios (Aurora, 7 de Agosto/Concha, 6 de Agosto); María Dolores Coll (Aurora, 6 de Agosto); José Alberto García (Leandro); Emilio Gavira (Porras); José Luis Gago (Tío Francisco); Amparo Madrigal (Manuela); Carmen Márquez (Fermina); José Ramón Iglesias (Casildo); Manuel Brun (Don Franciso/El viejo del hongo); Ballet, coro y orquesta “Proyecto Verdi”; Pablo Gago (escenografía y vestuario); Toño Camacho (iluminación); Ana Gómez (coreografía); Carlos Durán (dirección escénica); Luis Remartínez (dirección musical)

© Ignacio Jassa Haro 2005


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