Chateau Margaux
(Jackson Veyán
y Fdez. Caballero)


La viejecita
(Echegaray
y Fdez. Caballero)


Un espectáculo
con dramaturgia
de Lluís Pasqual


Teatro Arriaga, Bilbao, 26 de Junio de 2009

Sonia de Munck y Jesus Castejon en el concurso radiofonico patrocinado por el Chateau Margaux ( E. Moreno Esquibel/Teatro Arriaga)

una crítica de
Ignacio Jassa Haro

El montaje de Chateau Margaux y La viejecita en el Teatro Arriaga de Bilbao supone un broche de oro a una brillante temporada, la primera de una dinámica etapa donde el gran coliseo de la ría va a ser comandado por Emilio Sagi. En el cartel de este curso se han codeado espectáculos de muy diferente índole pero de indudable calidad, y la zarzuela ha gozado de dos nuevas producciones de empaque en las privilegiadas posiciones de apertura y cierre de temporada: la Katiuska ya reseñada en otro lugar y el "programa doble" de Fernández Caballero que aquí comentamos.

Y es que no se han escatimado medios materiales ni talento artístico para hacer realidad este espectáculo en torno a esas dos mágicas piezas breves del longevo compositor murciano. El elenco artístico elegido ha sido de primer orden: la elegante soprano Sonia de Munck, el saleroso tenor (cómico) Emilio Sánchez y el camaleónico e irresistible "hombre de zarzuela" Jesús Castejón -garantías totales de éxito- junto al joven barítono Borja Quiza -auténtica revelación- encarnando el papel del ardoroso Carlos, travestido luego en viejecita con el imprescindible grado de histrionismo que ese rol (pensado en realidad para una tiple) requiere al abordarlo un hombre. Además, la dirección artística ha sabido recrear atmósferas o dar lustre cuando el momento lo pedía, destacando los cambios escenográficos operados en escena entre el primer y segundo cuadros de La viejecita o el vestuario y la iluminación de la primera parte del montaje.

Escena del segundo cuadro de La viejecita ( E. Moreno Esquibel/Teatro Arriaga)

La adaptación dramatúrgica también ha sido una baza bien jugada: De la primera obrita de circunstancias se han eliminado todos los diálogos y cualquier referencia a su trama argumental a excepción de algún pequeño detalle (como, por ejemplo, el título del juguete cómico-lírico que ha servido de enganche con la nueva historia pergeñada). En la reinventada trama Lluís Pasqual nos sitúa en un estudio de radio de la España de los años cincuenta; un programa patrocinado por el vino catalán [sic] Chateau Margaux enfrenta a Angelita y a Manuel, cantantes por afición (andaluza ella y gallego él, como manda Jackson Veyán) en un reñido combate canoro: aunque primero interpreten sus respectivos números a sólo, se verán obligados a desempatar con un dúo, a resultas del cual saldrá vencedora la tiple, que despedirá la primera parte del programa radiofónico con un vals publicitario dedicado a la marca patrocinada. De esta forman se ventilan los cinco graciosos números (preludio incluido) que integran la partitura. La retransmisión directa de la versión concertante de La viejecita, nos llevará desde el mismísimo estudio, donde podemos seguir el primer cuadro, al propio palacio del marqués junto al río Manzanares, donde se desarrolla la gran fiesta que da culminación a esta zarzuela de anglófila trama.

No podemos poner reparos al concepto teatral de este espectáculo. Creemos que la puesta en escena de zarzuelas pasa hoy en día por un momento de incipiente madurez que supone la superación del naturalismo al que el género se ha sentido obligado durante los últimos setenta años (desde que la zarzuela dejó de ser un género vivo al acabar la guerra hasta que ha quedado asentado un repertorio histórico que por ese motivo ha dejado de ser sagrado). Hoy podemos (y debemos) permitirnos jugar con él, y por supuesto, ampliarlo.

Tocar lo que jamás ha sido intocable (el texto) no debe afligirnos, siempre que detrás exista una idea coherente como la que aquí anida. Nos lo confirma el propio Pasqual en sus notas al programa: Para él este montaje es un ejercicio de sinceridad con el que ha pretendido compartir con el espectador lo que le evoca la idea de zarzuela. A él la zarzuela le retrotrae al pasado, a "su" pasado (donde se mezcla con entrañables recuerdos de infancia en los que la radio era un miembro más de la familia), pero también a un pasado colectivo (y por ello político). Cuesta trabajo creer, no obstante, que para un director teatral dedicado de forma preponderante a la lírica, la zarzuela solamente esté asociada a recuerdos tan ancestrales y que no pueda anidar en él ninguna emoción estética derivada de su experiencia como informado espectador adulto (no decimos ya como profesional, puesto que ésta es su primera aproximación al género), aunque por descontado respetamos esa "falta" y agradecemos la franqueza de su confesión.

Sonia de Munck y Borja Quiza en el duo de La viejecita ( E. Moreno Esquibel/Teatro Arriaga)

Sin embargo en el pecado se lleva la penitencia. Y es que no sólo de afecto (y de política) vive el hombre. Para Pasqual el género zarzuelístico pulula por los recuerdos del espíritu olvidándose de que también se incardina en una tradición musical determinada. A pesar de haber contado con el concurso de uno de los directores musicales más relevantes en el panorama de la lírica española, Miquel Ortega, que ha dirigido con mimo, inspiración y entusiasmo a todos los implicados (cantantes, coro e instrumentistas), la música ha quedado en un segundo plano (no sólo figurado sino también literal) en el concepto de espectáculo ideado por el regista del Baix Camp: A la inadecuada ubicación del conjunto instrumental (en el fondo del escenario, permaneciendo tapado por un telón traslúcido hasta el cuadro final, lo que ha comprometido terriblemente la acústica) hemos de sumar el hecho de que Ortega no ha podido contar con una orquesta estable (como las excelentes sinfónicas de Bilbao o de Euskadi). Señor Pasqual, si me permite que le dé un consejo nacido desde mi más sincera admiración por su trabajo, la próxima vez que ponga su talento al servicio de la zarzuela recuerde que la música no es un accidente para este género, sino algo que le otorga carta de naturaleza.

© Ignacio Jassa Haro 2009


Chateau Margaux - La viejecita (Teatro Arriaga, 2009)Chateau Margaux/La viejecita. Espectáculo con dramaturgia de Lluís Pasqual basado en el juguete cómico-lírico en un acto Chateau Margaux de José Jackson Veyán y en la zarzuela cómica en un acto La viejecita de Miguel Echegaray, ambas con música de Manuel Fernández Caballero.

Bilbao, Teatro Arriaga, 26 de junio de 2009

Reparto: Sonia de Munck - Angelita Vargas (CM), Dolores Izquierdo y Luisa (V); Borja Quiza - Comandante Don Francisco de Borja y Carlos/Viejecita (V); Emilio Sánchez - Capitán Esteban Martín, Manuel Fariñas (CM) y Federico (V) ; Jesús Castejón - Ricardo Gracián y Don Manuel (V); Valeriano Lanchas - Brigada Don Conrado Salvatierra y Sir Jorge (V); Jose Manuel Díaz - Teniente Don Luis Mª Fernández Canedo y Fernando (V); Lander Iglesias - Sargento Don Rafael Pontejos, Técnico de sonido y Marqués de Aguilar (V); Bilbao Philarmonia Orquesta; Coro Rossini; Paco Azorín - Escenografía; Isidre Prunés - Vestuario; Lluís Pasqual - Iluminación, dramaturgia y dirección de escena; Montse Colomé - Coreografía; Miquel Ortega - Dirección musical

Nueva co-producción del Teatro Arriaga de Bilbao, el Festival Grec '09 de Barcelona y el Teatro Campoamor de Oviedo


La viejecita - sinopsis argumental inglesa
portada de zarzuela.net

13/VII/2009