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El Potosí Submarino Un tesoro de zarzuela La necesidad de volver a ver El Potosí Submarino era algo comentado entre los estudiosos de la zarzuela desde que apareciese el libro de María Encina Cortizo sobre Arrieta en 1998. El compositor navarro sigue siendo apenas conocido por la tantas veces repetida Marina, pero en su carrera cultivó la mayoría de los géneros de la música teatral, desde la ópera italiana hasta la zarzuela cómica o histórica. También el género bufo en que se enmarca este Potosí. Un género de zarzuela tomado del alocado mundo de la opereta francesa de Offenbach, que presentaba ambientes disparatados para realizar una aguda crítica política y social. En España triunfó en los convulsos años del sexenio revolucionario, gracias a la compañía de los Bufos Arderíus. Una combinación de sátira, momentos picantes y gran espectáculo que revolucionó el mundo del teatro musical en España. El Potosí Submarino fue uno de los títulos de mayor éxito de esta zarzuela bufa. El reto de presentar El Potosí Submarino tenía sus complejidades. La primera, la necesidad de actualizar el texto para sintonizar con el público actual. El libreto original de Rafael García Santisteban, bien escrito y con acertados golpes de humor, estaba cargado de referencias a su época, un momento de gran convulsión política con la llegada a Madrid del rey Amadeo de Saboya y el asesinato de Prim. Rafael Villalobos ha decidido trasladar la acción a la década de 1990, en la resaca tras los fastos del 92. Un video inicial nos ubica con claridad, mostrando imágenes no sólo de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, con el surrealista encuentro entre las dos mascotas (Curro y Cobi), sino también figuras populares como Raffaella Carrà o el polémico Jesús Gil. Una referencia que entronca bien con la historia de El Potosí Submarino, donde asistimos a un timador que se aprovecha de la fiebre del dinero fácil y la corrupción de los políticos. Un tema presente en la sociedad de 1870 y 1993, pero también hoy y me temo que en el futuro.
Villalobos ha revisado ampliamente el libreto original, escribiendo nuevos textos en verso para incluir referencias actuales. Son numerosas, en algunos casos muy acertadas como las referencias políticas de la canción del cable, que fueron muy aplaudidas por el público. La transformación de la princesa Perlina en Bárbara Rey o la presencia de una reconocida alcaldesa captan también la simpatía del público. Hay que decir que la propuesta, coherente y bien escrita, plantea dos problemas. Lejos de reducir el texto se ha ampliado de forma innecesaria, lo que alarga en exceso y frena el ritmo de la función. Esto se nota especialmente en el primer acto, en el que se obliga a los intérpretes a declamar largas tiradas en verso, que hubiesen funcionado mejor de forma más breve. Además, las referencias a la España de 1993, aunque reconocibles por el público, no terminan de conectar por ser también lejanas. Algo cansinas resultan las repetidas referencias a la decadencia de España, con un ingenuo enfoque moralizante.
La partitura de Arrieta nos muestra una faceta más libre y dinámica del compositor navarro, que huye de los formalismos belcantistas de la ópera italiana. Son 17 números muy variados, aunque no muy extensos, en los que predominan los conjuntos y las partes corales, sin que falten dúos y canciones a solo. Sin duda, debe destacarse la brillante aportación del coro titular del teatro, dirigido por Antonio Fauró, magnífico en escena y sonido, comprendiendo muy bien el género y la necesidad de articular con gracia y claridad el texto. La batuta del mexicano Iván López Reynoso siguió con elegancia la partitura de Arrieta, buscando claridad rítmica y colores en los vientos, aunque tuvo que luchar contra algunos desajustes a los que la Orquesta de Comunidad de Madrid nos tiene acostumbrados, para mantener el pulso con el escenario.
Al final hubo merecidos aplausos para todos, en una función acertada, animada y coherente en su propuesta dramática y musical. El Potosí Submarino por su gracia teatral y la belleza de su música esperemos que pueda verse en otras ocasiones en este mismo teatro y en otros lugares, rompiendo la viciosa dinámica en que está sumido un teatro nacional cuyo objetivo debería ir más allá de estrenar producciones para después guardarlas. Salimos tarareando algunos temas, que en otro contexto serían temas auténticamente populares, aunque en el siglo XXI esto no resulte fácil. De cualquier forma, un Potosí que nos hace disfrutar y reflexionar divirtiéndonos, auténtica esencia de la zarzuela. © Víctor Sánchez Sánchez y zarzuela.net 2025
25/XI/2025 |