Carmen
González


al habla con
Pedro Gómez Manzanares

(Madrid, 7 de Abril 2009)

Carmen Gonzalez - el hada onubense
Carmen González

Nos habíamos citado en la cafetería Hontanares, cerca del Teatro de la Zarzuela, a las 12:30. Llego unos minutos antes y recorro el entorno observando, desde la puerta del café, que a unos pocos metros está el busto de piedra del maestro Alonso. Los transeúntes pasan junto a él sin mirarle, ignorándole, pero su música sigue flotando sobre las mentes y sobre las calles de la ciudad donde desarrolló su vida musical en torno a la zarzuela y la revista.

La cafetería Hontanares, muy visitada por gente famosa, tiene en sus paredes cuadros con breves escritos de alguno de sus visitantes. La vista curiosea sus firmas: Adolfo Marsillach, Codeso, Gómez Bur, Vicente Parra, Carlos Sainz, Antonio Ozores, Ian Gibson…. Todos ellos parecen deslizarse a lo largo de la pared para atraer la atención del curioso…

Aquí nos encontraremos con una onubense, el “Hada” de nuestra zarzuela, Carmen González que influida por Julie Andrews en Sonrisas y lágrimas empezó a los 19 años cantando Rigoletto. Que estudió piano, que fue premio Francisco Viñas, que tiene en su haber grandes zarzuelas y óperas españolas: Doña Francisquita, Luisa Fernanda, Don Gil de Alcalá, La generala, Maruxa, La tabernera del puerto, La chulapona, El gato montés, El barberillo de Lavapiés, Jugar con fuego, El rey que rabió, Pan y toros... y que temporada tras temporada hace más grande.


Carmen ¿qué sensaciones recuerdas de tu debut en Rigoletto?

A mis 19 años no tenía miedo a nada. Estaba ensayando con Seoane La calesera junto con Antonio Lagar y me preguntaron si podría cantar Rigoletto. Le eché valor y dije que conocía la obra y que podía hacerlo, cosa que no era del todo cierta. La preparé en poco tiempo y pocos días después debutaba en la plaza Porticada de Santander. Quizás con cierta “inconsciencia”, propia de la edad, pero ¡bendita inconsciencia! También recuerdo que en la obra me acompañaba un gran amigo y un gran tenor Ricardo Jiménez.
Creía y creo firmemente en el trabajo, en estudiar y en luchar para vencer obstáculos y ese fue el comienzo para poder llevar a cabo estas ideas

Carmen Gonzalez

Tu primer papel como solista en zarzuela fue La Marquesita en El barberillo. ¿Qué recuerdas de él?

También lo hice con Ricardo Jiménez en el papel de Don Luis… y recuerdo, ante todo, que conocí a Jesús [Castejón], que sería mi pareja durante tiempo y con el que años más tarde haría, bajo su dirección, El niño judío y El asombro de Damasco en el Teatro de la Zarzuela.

¿Qué diferencias encuentras entre los montajes de zarzuelas en tu debut y los actuales?

Los medios económicos y físicos de los que se dispone actualmente en teatros, como La Zarzuela, son una de las mayores diferencias. No me estoy refiriendo, desgraciadamente, a las compañías privadas que carecen del soporte necesario.

También destacaría la importancia y la prioridad que se está dando a “lo que se ve en el escenario”, el decorado, las luces, el atrezo… En el caso de algunos directores esta prioridad está por encima del actor, ahora hay menos trabajo con los personajes. Me refiero a que confiando en la valía del actor, que previamente ha sido elegido, se trabaja menos con los actores que con aquello que forma parte del “entorno” y que “impacta visualmente al espectador”. Aunque no es siempre así, pero sí que es algo que antes no se daba.

En esa línea ¿cómo ves la zarzuela en el futuro?

Pues, a pesar de mi natural optimismo, veo un panorama oscuro. No interesa, en general, a los estamentos superiores, a las autoridades. Y son ellos quienes deben apostar y apoyar a nuestro teatro lírico. Existe falta de conocimiento, desinformación e ignorancia en torno a nuestra zarzuela en esos estamentos. El resultado es que no se está apoyando lo necesario.

Nota del entrevistador: no nos cansamos de escuchar este mismo mensaje de forma continuada. Desde aquí hacemos un nuevo llamamiento para que las autoridades sean conscientes del número de espectadores que día tras día llenan los teatros de la Zarzuela, Campoamor, Arriaga, etc. Así como la afición, a nivel más popular, en muchas ciudades y pueblos de toda nuestra geografía. Todos nuestros grandes compositores, muchos de nuestros grandes escritores, de nuestros grandes actores, de nuestros músicos y de nuestras cantantes forman parte de esa riqueza cultural.

En una entrevista que te hicieron con motivo del montaje de El barberillo de Calixto Bieito dijiste: “Hay que abrir las ventanas para dejar pasar el aire fresco en la zarzuela”. ¿Hasta dónde debe innovarse en los montajes?

Carmen GonzalezHay que permitir que el director ponga su visión de la obra, pero dentro de unos límites. Hay que innovar respetando el sentido propio de la obra. Por ejemplo, hay textos que no tienen la suficiente calidad y puede tener cierta lógica recortarlos, pero no debe recortarse el texto hasta el extremo que impida que se entienda la obra. Recortando el texto estamos acercándonos a versiones en concierto olvidándonos de la parte declamada.

En la actualidad se están haciendo muchos “espectáculos” asociándolos con nuestro teatro lírico, pero no siempre se está haciendo zarzuela. En Madrid, debemos reservar el Teatro de la Zarzuela para hacer zarzuela y dejar que esos otros espectáculos, que pueden tener calidad y pueden gustar al público, se representen en otros teatros. ¿No podría haberse llevado La Gran Vía esquina a Chueca a otro escenario permitiendo la inclusión, en su lugar, de una zarzuela?

A veces estamos “despistando” al público con espectáculos basados en alguna zarzuela, denominándolos igual o de forma parecida y confundiendo, quizás, al espectador. Un ejemplo es el caso del reciente Dúo de La africana que hemos visto en Madrid. Puede, o no, ser un buen montaje, pero no es Dúo de La africana.

Hablemos de Sagi.

Llevo mucho tiempo con él y me encuentro muy a gusto. Es un gran director que sabe organizar y elegir adecuadamente a su equipo y que toma decisiones después de consultar con aquellas personas que estima pueden aportarle algo. Pregunta siempre a los profesionales. Son muchos los montajes en los que he trabajado con él y en todos he disfrutado.

¿Cuál ha sido el montaje que más te ha impresionado?

El barberillo de Calixto Bieito.

Danos, sin pensar, el nombre de una soprano, de un tenor, un barítono y de un bajo.

Mirella Freni, Jaime Aragall, Vicente Sardinero y Nicolai Ghiaurov.

Has cantado en Washington, Tokio, París, México, Buenos Aires… Hablemos un poco de ello.

Plácido Domingo me llevó a Washington para cantar Doña Francisquita, él siempre ha estado en mi vida profesional, principalmente con conciertos. En esa ciudad les gusta muchísimo la música española en general y la zarzuela en particular. En México cantamos Luisa Fernanda. En Japón, donde escuchan con gran interés nuestra zarzuela, cantamos El gato montés.

Carmen Gonzalez y Placido Domingo

En Buenos Aires representamos una obra, nada conocida, [ed. de Juan José Castro] con texto íntegro de Federico García Lorca denominada La zapatera prodigiosa en el Teatro Colón, en horas bajas de ese gran teatro, con cambios de última hora, con una música endemoniada que refleja el carácter neurótico de la protagonista. Con esos condicionantes no pude conocer la reacción que habría tenido el público ante una de las clásicas zarzuela de repertorio.

La zapatera prodigiosa

Al Châtelet de París llevamos el pasado año el montaje de Sagi de La generala y el público, en todas las actuaciones, no nos dejaba salir del escenario. Gustó mucho la obra y el montaje. Además, con la Antología de Tamayo, también llevamos nuestra zarzuela a otros lugares fuera de España.

¿Cuál ha sido tu situación más embarazosa sobre un escenario?

En la Antología con Tamayo, tenía que cantar la romanza de El cabo primero y teníamos una sola falda para la otra soprano y para mí. Ella era más alta que yo, lo que implicaba tener que llevar unos tacones de 12 cm. Al salir al escenario tropecé, perdí el zapato y tuve que cantar la romanza con un pié “de puntillas”. Recuero que fue Pedro Lavirgen quien encontró el zapato que perdí. También en la Antología del 97 me cayó el telón en la cabeza y gracias a la peluca se amortiguó parcialmente el golpe, teniendo que cantar a continuación la romanza del ruiseñor de Doña Francisquita.

¿Qué obra te gustaría representar de entre las pocas que no tienes en tu repertorio?

En ópera, Las bodas de Fígaro (Susana) y en zarzuela, no sé, quizás La eterna canción de Sorozábal.

Me gustan mucho las obras de Barbieri y ya tengo confirmada la participación en Los diamantes de la corona, dirigida por José Carlos Plaza, para la próxima temporada, que será mi cuarta obra de ese gran compositor.


Ya se nos había acabado el café que acompañaba nuestra charla, llega el momento de finalizar, de echar el telón. ¿Habremos abierto alguna ventana para que entre más aire fresco? ¿Serán las palabras de Carmen capaces de motivar a las “autoridades” para que sean conscientes del significado que tiene la palabra “Zarzuela”? Nuestra acompañante nos ha permitido compartir ideas, disfrutar de su carácter decidido, optimista, de su encantadora voz… de su facilidad para “transmitir todo lo que toca” como lo hace siempre desde el escenario. Todo ello con una sonrisa que nunca abandona.

© Pedro Gómez Manzanares 2009


in English
portada de zarzuela.net